Un ecomuseo en construcción

Cristina Viu Gomila
Cristina Viu CARBALLO

CARBALLO

En directo | Primer día de la apertura del Forno do Forte El entusiasmo de Francisco Doval es tal que consigue que el visitante imagine llena de vida una habitación con cuatro muebles apolillados

23 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

?l Forno do Forte de Buño es desde ayer un ecomuseo en construcción, un recinto vivo en el que se intenta recuperar la memoria del pueblo alfarero. Así lo ve Francisco Doval, etnógrafo y principal valedor de este proyecto que le ha costado ocho años a la Diputación. En realidad, el Forno de Forte es un conjunto bien rehabilitado que se está musealizando de la mano de Doval y los propios alfareros de Buño. En teoría, el organismo provincial, propietario del recinto, encargó la musealización a la empresa Playmedia, pero lo cierto es que el trabajo de la firma es prácticamente inexistente. Se limita a unos carteles-vitrina de bonito diseño y poco más. Playmedia, ganadora del concurso de Dombate, ha fallado en As Torres do Allo y en Buño tampoco ha estado a la altura de las expectativas que había creado con su proyecto para el dolmen. El trabajo de Paco Doval y los alfareros va por un lado y el de Playmedia por otro, hasta el punto que quizá no se aproveche todo lo que hizo la empresa. No hay muchos errores, pero la información es demasiado básica. El principal fallo es que los planos de la entrada, sobre un atril, están al revés, con lo que al visitante le es muy complicado orientarse y los mapas pierden su razón de ser. Ayer, primer día de su apertura, el Forno do Forte era un espacio que limpiaban José Antonio Corral, el oleiro que se encargará de los primeros dos meses de demostraciones, y Lolita, la alfarera Dolores Martínez. Ellos y un estusiasmado Francisco Doval recibieron durante la mañana constantes visitas de vecinos de Buño que querían ver cómo estaba ese espacio en el que muchos habían visto trabajar. Del conjunto la estrella es sin duda Paco Doval, que dirige una visita improvisada con un entusiasmo contagioso. Su emoción es tal que en una habitación en la que sólo hay dos camas apolilladas, sin colchones ni mantas, uno imagine la vida de los oleiros e incluso las prendas que tienen en el armario. Doval invita a entrar en lo que no quiere denominar ni siquiera como ecomuseo durante el proceso de construcción. También pide a los vecinos que cedan piezas y objetos antiguos. Esta simbiosis se completará con la invitación a los visitantes a utilizar el torno con la colaboración del oleiro. Además se abrirá la cafetería, pero todavía no hay fecha. De momento es un proyecto aún en construcción.