«Si tu hijo te pega, te aguantas o llamas a la policía»

Joel Gómez SANTIAGO

CARBALLO

Testimonio | Germán Medina Esta entidad, recién constituida, surge porque las familias se ven sin ayudas y tratan de implicar a profesionales y a los propios afectados para encontrar soluciones, explica este padre

18 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

El presidente de la asociación tiene también en su familia un caso grave: «Cuando surge el problema quedas desorientado, porque no sabes lo que pasa. Son enfermos de muy difícil abordaje. Estos problemas se dan en la adolescencia y tienen dos características muy importantes: son procesos de inadaptación a la sociedad, y además pueden durar toda la vida y se agravan si no se trata bien». -Puede ser terrible. Recuerde el caso de una madre gallega que hace unos años mató a su hijo y después se suicidó. Hay muchas tragedias. -¿Qué alternativa tiene la familia ante estos trastornos? -El mayor problema es cuando a un joven con trastorno límite sufre una crisis de agresividad. No hay forma de dominarlo, y no tenemos a donde llevarlo. Por tanto, o te aguantas, o llamas a la policía si tu hijo te pega. La policía lo lleva al juez. El juez avisa al médico forense, que suele decir que son problemas de adolescencia. Si el juzgado decreta el internamiento en un psiquiátrico, porque lo ve muy agitado, lo tranquilizan y en unos 15 lo devuelven a casa. No se cura, simplemente fueron 15 días de descanso. Porque cuando regresa vuelve el problema. -¿Qué les ofrece el sistema sanitario? -El psiquiatra identifica perfectamente el trastorno y pone un tratamiento. Pero el enfermo normalmente no lo quiere tomar. Porque el problema hace que su personalidad esté afectada de una manera que no reconoce su propia enfermedad. Entonces él se ve bien, cree que la sociedad es la que está mal. Esto tiene dos consecuencias: primera, que no acepta ningún tratamiento; y que reacciona normalmente con agresividad hacia todo lo que lo contradice. Tampoco funcionan las terapias psicológicas si son una vez a la semana: no pueden ser espaciadas, sino constantes. Y hay que enseñar a las familias a ser psicólogas con los propios hijos, éso es lo que pretendemos con la asociación, para tratar de evitar la agresividad y los otros terribles síntomas. Si los padres quieren internarlos en un hospital público normalmente no lo admiten, como mucho lo tratan cinco días de una crisis de agresividad y lo devuelven. Mientras es menor de edad puedes internarlo en un centro privado: es muy caro, pero allí le obligan a seguir el tratamiento y se pone bien. El problema es si regresa y vuelve a las andadas. -¿Cómo va a ayudar la asociación a las familias? -Contactaremos con profesionales y trataremos de ofrecer terapias de grupo para que el enfermo se dé cuenta de que tiene un problema y ayudarle a adaptarse a una vida más normal. La familia, por sí sola, normalmente no puede hacer nada y sufren en su seno la existencia de un personaje raro, al cual le es imposible educar. La mayoría fracasan en los estudios. Otros consiguen hacer algo, pero después en el trabajo no se adaptan, y van al paro de una forma irremisible. Los más graves tienden a caer en la droga, en la delincuencia, y muchos en el suicidio. Y la familia no encuentra solución ni en los médicos, porque el enfermo no acepta ayuda, se agrava con los años.