ARA SOLIS | O |

27 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

HACE SÓLO unos días, un alcalde de la Costa da Morte reconocía casi riéndose que en las consellerías tenía fama de ser muy «pedichón». Que muchos directores xerales y presidentes de empresas públicas estaban ya un poco hartos de verlo en sus despachos con informes, dosieres y documentos varios en los que acreditaba la necesidad para su municipio de una u otra obra. Decía este alcalde durante un acto al que asistían algunos de esos directores xerales que lo sentía mucho, pero que este año también seguiría dándoles la lata. Que continuaría presentándose en sus despachos y que no pararía hasta que cumpliesen su palabra porque, aseguraba, para él era más importante la palabra dada que cualquier convenio millonario. Sea como sea, lo cierto es que, al final todos esos altos cargos se reían porque tal vez sabían ya que el regidor en cuestión no sólo conseguiría la palabra, sino también los millones. Este alcalde al que es muy difícil encontrar en su despacho, sabe que su receta de ir puerta por puerta funciona. A base de tesón o de dar la lata, según se prefiera, ha conseguido que su municipio, con la tasa de paro más baja de la comarca y unos presupuestos municipales de los más altos, sea la envida de los alrededores. Choca su actitud con la de otro alcalde de estos lares que parece haberse dado por vencido y en ocasiones reconoce que ya no vale la pena pedir, que por mucho que reclame no le darán nada. Se equivoca. A los ayuntamientos de la Costa da Morte les deben muchas cosas y es increíble que a estas alturas haya núcleos sin abastecimiento ni redes de tratamiento de aguas. Tal vez ha llegado el momento de que todos se conviertan en pedichones, asalten los despachos de los conselleiros, directores xerales y demás, y les reclamen lo que merecen sus municipios. Y si los altos cargos se quejan, que se aguanten, porque dar la lata funciona.