El patrimonio olvidado de Man

Manuel Sánchez Dalama

CARBALLO

Crónica | Aniversario del fallecimiento de El Alemán Tres años después de que el «Prestige» se llevara para siempre a Manfred Gnädinger, nadie ha asumido la obra que legó a Camelle y a España en un museo único

27 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Tres años han transcurrido ya desde los sucesos del Prestige . Días tristes, y a la vez luminosos, aquellos en los que la marea negra del chapapote y la blanca marea de los voluntarios y las gentes del mar se enfrentaran en mortal desafío. Manos casi desnudas arrancando el viscoso líquido de mares y costas, derrotando en solidario y desesperado gesto al chapapote engendrado por la codicia ajena. Y, mientras se libraba la batalla, los gobernantes de turno intentaron cubrir con el manto de la desinformación al fruto de sus desacertadas decisiones. Y los adversarios políticos de los gobernantes de turno movilizaron a todas sus fuerzas para desacreditarlos en el terreno electoral y sacarlos del poder. Y algunos, sentados en sus casas, pedían «outro Prestige » portador de generosas ayudas para sus bolsillos. En todos nosotros conviven lo más alto y lo más bajo; rara simbiosis que conforma la naturaleza humana. Pasaron ya tres años, y la normalidad, al parecer, ha retornado; las costas están bastante limpias y la catástrofe ecológica resultó menor de lo esperado. La naturaleza se recupera por sí misma, pero las vidas perdidas no retornan. En lo del Prestige sólo se perdió una vida: la de Manfred -el exiliado del mundo-, que apareció muerto en su chabola de Camelle un 28 de diciembre, el Día de los Santos Inocentes. Murió sumido en una horrible depresión y acosado las 24 horas del día -bien lo saben quienes lo sufrieron- por el irrespirable olor de ese chapapote que también destruía la obra de su vida. Lento y doloroso vía crucis el de El Alemán, transitado a la luz pública, ante los impasibles ojos de curiosos y cámaras. Tristeza Manfred murió de tristeza y podredumbre. Todos, absolutamente todos, le dejamos agonizar durante casi un mes, en la triste soledad de su caseta. Absolutamente solo ante el destrozo de su museo, ante el insoportable olor del chapapote, ante la enfermedad que consumía su cuerpo y la depresión que desgarraba su espíritu. Manfred Gnädinger se ahogó ante nuestros ojos, digno y callado, sin que nadie hiciera algo efectivo por salvarlo. Y, una vez muerto, cual carroñeros, algunos intentamos sacar tajada política de su martirio, otros pretendimos exhibir poéticas sensibilidades cantando loas al intransigente anacoreta, varios aspiramos a ganar dinero o crédito profesional fabricando historias sobre su vida. Todos, con Manfred, sin pretenderlo, hemos sido un poco fariseos: sepulcros blanqueados; hermosos por fuera y corruptos por dentro. Hoy, tres años después de su muerte y con su propio dinero amén del que la Xunta le quitara a los premios Max del 2002 y otros fondos municipales, se construye en Camelle una casa de cultura en la que, se afirma, un espacio mostrará la obra de El Alemán. Paradójica burla la de encerrar dentro de esas hipotéticas paredes el espíritu de este hombre, libre hasta las últimas consecuencias. Hoy a nadie parece interesarle su legado. Las libretas y los aforismos que durante más de cuarenta años meditó Manfred duermen el sueño eterno en algún lugar de Camariñas; esos documentos tienen un valor incalculable, mayor quizá que el de las piedras que él conjugara. Y nadie parece percatarse de ello. Hasta el día de hoy ninguna institución oficial ha asumido la responsabilidad de preservar el patrimonio que El Alemán, en su testamento, legara a Camelle y a España. Las historias de que hacen falta permisos de los familiares en Alemania, etc.. son pura fábula; bien lo saben quienes las cuentan. Una vez más nos desentendemos del alemán y, con nuestra desidia, pretendemos asesinar su obra, luego de permanecer indiferentes ante la agonía de su cuerpo. A tres años de su muerte ¿Quién asume el legado de Manfred Gnädinger? Deberíamos ser todos, comenzando por quienes gobiernan a nivel local y autonómico, que para tomar decisiones sabias han sido elegidos. Por favor: en lo que a Manfred compete, pongamos de una vez por todas las cosas en su sitio.