ARA SOLIS | O |
25 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.MANUEL no acaba de entender por qué siempre le toca a él recoger todos los juguetes. Los suyos, que ya son de chico mayor porque ya ha cumplido los siete, y los del enano de su hermano, que todavía está en el parvulario y le vuelven locos los Lunnis, unos «muñecajos de trapo», según Manuel. Manuel no entiende por qué su madre se pone hecha una furia cuando ve todos los trastos tirados por el suelo de su cuarto -que, «desgraciadamente», comparte con el enano de su hermano-. No entiende por qué «el moco verde» -sí, su hermano- siempre se libra de las tareas más duras y a su madre parece que le dan igual sus razonamientos. «Si el enano sabe tirar los juguetes -le insiste Manuel-, también sabrá guardarlos». Pero ni con esas. El «moco verde asqueroso» -Manuel es capaz de recitar una retahíla de adjetivos, todos peyorativos- siempre se va de rositas. Juega, se divierte, y que recoja Manuel. A Manuel le revienta que el «moco verde asqueroso, pringoso y baboso» ponga ojos de cordero degollado y su mamá le permita ver la tele mientras que él lo guarda todo. Y más le revienta que el enano de su hermano le haga burla y se ría por lo bajo mientras devora el bocadillo plácidamente sentado en el sofá. A veces no aguanta, así que vuelve a tirar todos los juguetes, corre hacia su hermano y le da un guantazo o una patada en la espinilla. Y claro, el enano llora, y Manuel, tras un tirón de orejas, se queda castigado en su cuarto mientras que mamá trata de calmar los alaridos del moco. Manuel sufre. A veces, muchas últimamente, asegura que no querría tener hermano, que no querría tener mamá y que le encantaría «vivir en una cueva» -con juguetes, claro-. A veces, muchas, me pregunta si la vida de los mayores es tan cruel como la suya y aunque trato de calmarlo no dejo de pensar que entre los adultos también hay «mocos asquerosos».