Viento de difuntos

| S. GARRIDO |

CARBALLO

PASABA POR AQUÍ

01 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

EL VIENTO de ayer, cosecha del 2005, era un buen viento. Constante, seguro, potente, como un coche. Viento de la Costa da Morte, genuino. Más allá de la mera observación, rompió el más allá . El del día de Difuntos, que es hoy, pero como si fuese ayer. Ambas jornadas son el alfa y el omega, la cara y la cruz de lo mismo y todo eso. Los días de los cementerios. Pues vino el viento y se llevó lo que pudo. Las flores, los objetos. Incluso algún alma que bajaba a la tumba, a ver al familiar, al amigo. Una ráfaga de las buenas podía con ellas. Un ángel de símil-mármol que descansa en uno de la zona casi vuela, lo que no está mal para un ángel con alas. Así era el viento. Otros lloraban, con eso de que las gotas se deslizan por su cara. Algunos miraban al arco iris. El aire lo movía todo, salvo las miradas fijas de las fotos de los difuntos colocados en sus lápidas. Esas no vuelan nunca.