ARA SOLIS | O |

04 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

SÉ QUE, si tengo un poco de suerte, leerás esto o algún amigote te lo resumirá. Sé que existes, aunque nunca te haya visto, no conozca tu nombre, ni jamás haya oído tu voz. Sé que tienes un coche pequeño, caro y potente que probablemente te haya comprado papá cuando acabaste los estudios o decidiste abandonar los libros y buscar un curro. Y que cuando ahorres un par de euros le pondrás un alerón, llantas de aleación o te comprarás uno de esos equipos de música que cuando pases la barrera de los 50 te obligarán a usar Sonotone. Sé que eres de los que, aunque hace un par de años que tienes carné de conducir, ya has olvidado lo que significan las señales de tráfico y piensas que son sólo elementos decorativos que delimitan el arcén de la pista de carreras. Sé que en la autopista cortas las curvas al más puro estilo Fernando Alonso importándote muy poco encontrarte más coches en tu trayecto.? Sé que eres de los que no paran en los pasos de cebra -esas rayas blancas pintadas en la carretera-, que te importa muy poco que la gente intente cruzar por ellos y que para ti los semáforos están siempre en verde. Sé que eres tú el que me da luces en las curvas de Cances y me adelantas como un rayo en el tramo de obras de la carretera de Ponteceso. Sé que te acuerdas de mi familia cuando me ves circular a 50 por la recta de As Rabuceiras y a ti te toca ir detrás. Sé que algún día volveré a cruzarme contigo. Estarás parado en cualquier arcén y junto a ti dos señores de uniforme verde te estarán poniendo una multa de las que quitan el hipo -¿la pagará papá?-. Sé que ese día habrá muchas posibilidades de que yo pierda los modales y, como tú, me convierta en una macarra que te lanzará un beso desde el coche. Hasta entonces, hazme un favor: No vuelvas a poner en peligro mi vida. Con la tuya, de momento, es suficiente.