Reportaje | Robos y agresiones en Muxía Cada año, con mayor o menor intensidad, la romería más famosa de la Costa da Morte sufre las consecuencias de los excesos de grupos incontrolados de vándalos
13 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?uchos de los fieles que acuden a las misas en el santuario de la Barca no saben que en la iglesia hay dos cepillos. Uno es el destinado al templo, el otro, que no se elige voluntariamente, es el bolsillo de algún caco. La Policía Local tiene confirmadas, dentro de la iglesia, hasta siete robos de carteras. Tanto si están en bolsos como si descansan en los bolsillos de sus dueños, las billeteras vuelan. Cada año ocurre lo mismo. Entre los romeros se cuelan los amantes de lo ajeno. Los robos sin violencia son sólo una parte del paisaje negativo de una fiesta que congrega a miles de personas. Ayer no funcionaban los focos que iluminaban la fachada del santuario. Están reforzados para aguantar golpes y hasta el peso de un coche, pero no pudieron resistir la saña de alguien que se afanó, posiblemente con un martillo, demostrando un alto grado de desarrollo intelectual. Mucho alcohol Además, por la fiesta pasan los de siempre. Es decir, las bandas de jóvenes que se pasaron con las botellas y otras sustancias y acabaron a porrazos. El domingo de la Barca es el día más peligroso. Los hay que se pasan durante la larga noche del sábado. Este año la fiesta no tuvo que suspenderse, pero las botellas y vasos de cristal con los que los amigos de los tóxicos demuestran su agradecimiento por la música. Son esos mismos los que después se acercan, ya por la mañana a molestar a los fieles en el santuario. Este año la Policía Local identificó a unos cuantos, posiblemente a los mismos que arrancaron una farola en O Coído y que tiraron al mar varios contenedores. O a los que decidieron utilizar una lancha salvavidas del yate alemán de Camariñas como tienda de campaña. Tal vez fuera necesario poner un filtro en O Vilar, para separar la paja del grano y que sólo se quede en Muxía quien sepa comportarse. Lo que está visto es que el despliegue policial no puede atajar la violencia cuando se desata. En Muxía hubo Policía Local de diferentes ayuntamientos, efectivos de la Guardia Civil y un dispositivo de Protección Civil desplegado las 24 horas del día. Pero nunca es bastante la vigilancia cuando hay gente que acude a divertirse con la intención de estropearle la fiesta a los demás. Al menos este año los de la orquesta casi llegan al final de su actuación. El año pasado tuvieron que dejarlo porque se jugaban el tipo.