La Barca lucha contra la lluvia

CARBALLO

XESÚS BÚA

En directo | Jornada de fiesta en Muxía El mal tiempo agua la fiesta de los participantes en el segundo día de la romería más popular de cuantas se celebran en la comarca

10 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

A media mañana se intuía que la lluvia iba a ponerle difícil la cosa a los romeros. En Muxía, este año, las desgracias se les acumulan en la más famosa de sus fiestas. Primero fue el agujero económico que se encontraron los nuevos organizadores, después la dificultad a la hora de encontrar orquestas y actuaciones. Ahora, además, el mal tiempo. A diferencia de otros años, llegar a la localidad en coche no resultaba complejo. Otra cosa era encontrar donde aparcar. A la entrada de la villa, en O Vilar, la gran colina que centra parte de la polémica del Plan Xeral, se dejaban ver las tiendas. Había bastantes, pero tal vez menos que las viviendas que tiene previsto construir allí una empresa madrileña. Estaban los fieles. No los que se pasan por el santuario. Los fieles de la juerga. Mucha gente joven y mucha matrícula de fuera. Mesas y sillas al aire y brasas para el churrasco. Y todos mirando al cielo pidiéndole a la Virxe un milagro más, el de contener la lluvia. Pero no pudo ser. La fiesta empezó oficialmente el jueves con poco ímpetu. El viernes la enfermera Teresa Lord leía el pregón, recordando a un muxián de adopción, el voluntario Antanas Biskantas, fallecido en la localidad. Luego llegaron las orquestas y al fin, el sábado, los amantes de una fiesta que no acaba, así lo especifica el programa, hasta las nueve de la mañana del viernes, poco antes de que las bombas de palenque anuncien que todo vuelve a empezar. Hacia las dos de la tarde las terrazas y los bares estaban llenos y las barracas instaladas en el puerto no se podían quejar de la afluencia de público. Pero se notaba que el aguacero no iba a ayudar. La banda municipal de Cee y la mítica charanga NBA hicieron lo que pudieron, pero cada vez son menos los que gozan cantando bajo la lluvia. En el santuario, donde se sucedían las misas, estas sí a cubierto, alguno debía rezar para que el domingo se abriese el cielo y se dejase ver un rayo de sol. Todavía hay tiempo, hasta mañana, para frenar los estragos de un otoño anticipado.