Tricornio

LUCIANO CAPURRO

CARBALLO

ARA SOLIS | O |

25 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

EN EL verano del 81 pasaron cosas extrañas. Aún teníamos frescos los surrealistas disparos de Tejero, el hombre aquel que hacía gala de redaños desde se pequeña estatura, cuando por la zona de Suarriba se vieron pasar hasta tres platillos volantes en actitud agresiva. Así dijeron los locales, que contemplaban el cielo con la mano a la espalda apretando una piedra de gran calibre por si las moscas. Se dice que fue por Moraime que uno de los platillos rozó la tierra con la panza y aseguran los testigos que desde lo alto de una colina se podía ver el interior del trasto, y que allí había una especie de paella con lucecitas y unos bichos como gambas. A causa del roce, uno de los visitantes cayó a tierra y ahí la historia se hace más confusa. Se sabe que días más tarde aparecieron unas cáscaras grandes y rarísimas en Merexo y se mandó a los militares que dijeron que el monstruo había mudado de piel. Eso dijeron, pero los de la zona sonreían, pillos. Pensábamos todos que se lo habían comido, y no fue así, casó con la hija de la Lagarona y tuvo con ella un robusto retoño. Yo fui a su primera comunión en el santuario de A Barca. No era como los demás niños. Tenía un cabezón como un sol. Los vecinos le regalaron un tricornio gigante al crío.