Cuando la playa se convierte en huerta

Eduardo Eiroa Millares
Eduardo Eiroa CARBALLO

CARBALLO

ANA GARCÍA

Reportaje | Recolección de algas en Camariñas Varias familias de la zona de Santa Mariña secan los vegetales de distintas especies recolectados en los arenales y los venden para usos médicos o cosméticos

20 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Dicen que en el Tercer Mundo se aprovechan de la mano de obra local para llevarse a precio de saldo la materia prima y transformarla en productos caros en los países industrializados. En algunos aspectos, en la Costa da Morte se mantienen todavía rasgos de esa economía del siglo XIX. Una mezcla entre eso y trabajos tradicionales. Durante los meses de verano, cuando la marea lo permite, un puñado de vecinos de Arou, Camelle y Santa Mariña bajan a las rocas armados con saco y guantes para arrancar algas de las rocas. Después las secan al sol -dicen que sobre el asfalto caliente de carreteras poco transitadas el proceso es más rápido- y una vez libres de agua las almacenan. Eso se hacía antes, en las playas, para sacar fertilizantes con los que alegrar la tierra de la huerta. Pero las cosas han cambiado. Cuanta Inés Blanco, vecina de Brañas Verdes (Camariñas) y una de las que practica esta profesión veraniega, que lo que les piden son un tipo determinado de vegetal marino. Ella les llama «trapo negro», «folla» o «trapo fino». Las de la playa no valen. Un intermediario de Camelle se las compra, por sacos, a 0,75 euros el kilo. Es el único que las adquiere en toda la zona, un área en la que llevan cerca de treinta años realizando el mismo trabajo para conseguir unos euros extra que llevarse al bolsillo. Eso sí, lo que después hacen con las algas es un misterio. Explica Inés Blanco que cree que se emplean para «facer chicle e medicamentos», un concepto algo amplio del destino de las hojas marinas. Dice también que las tienen que entregar bien secas, y que por eso las ponen sobre el asfalto, donde, dependiendo de la especie, se secan en unas cuatro horas si hace sol. Por eso no recolectan en invierno. El trabajo no da para hacerse rico: «Para facer 20 euros hai que traballar moitas horas e levar moitos sacos», explica Inés Blanco. Será por eso que son pocos los que tienen la paciencia necesaria para echarles la mano. «A xente nova emigra, non anda ás algas, e moitos vellos están retirados e xa o deixaron», relata Blanco. Sea como sea, lo que es seguro es que lo que se hace después con los vegetales marinos cuesta más que 0,75 euros por kilo. También el cacao se paga barato a quien lo recoge.