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La Férveda de Entrecruces ya tiene un acceso digno

La Voz S. G. | CARBALLO

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FOTOS: CASAL

Crónica | Cambio de cara a un paraje singular Ya sin la amenaza de una minicentral que merme su caudal, el río Outón, que cae por la Férveda de Entrecruces, está más cerca y se llega mejor. Las obras corren tanto como el agua

27 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

?a cascada de Entrecruces parece otra. Ya no porque las lluvias primaverales hayan dado maná a un salto espectacular, publicitado en los últimos meses con campañas, visitas, webs o pancartas, o porque esas mismas lluvias hayan hecho brotar abeneiros , bidueiros y salgueiros entre sus grietas acuñadas de tierra, sino porque, en definitiva, el acceso hasta ella es, al fin, digno de contar. Hace menos de dos meses comenzaron las obras de mejora del entorno. Unos trabajos que se venían reclamando desde el 97, pero que siempre encontraban piedras en el camino, lo que aseguraba al senderista pisar la lama en el ídem, por su horroroso estado, pese a que esta característica pudiese acentuar, sin duda, su romanticismo. Y su aislamiento. Las trabas se limaron, el proyecto se incluyó en los planes Agader, que traen fondos europeos para la cuestión medioambiental y cultural, y ahora ya está a la vista el resultado. No es el definitivo, porque aún faltan las obras del entorno de la capilla de San Paio -pocos meses más- la que, para mayor goce espiritual del romero ocasional, también está restaurada por dentro -retablo único en el occidente gallego- y por fuera, donde dicen fiesta en enero. Por estarlo, lo está la muy cercana Fonte do Santo, allí cuesta abajo, que merece una visita para creyentes -o hasta para los dubitativos- en sus virtudes curativas. El regreso obliga a una buena respiración. De momento, en este entorno están muy avanzados los trabajos de los muros de piedra de la senda, que ponen coto a una zona que no ganaría un premio con los nuevos estándares de la Lei do Solo, y hasta crea ganas de meter por ella el coche, dada su amplitud y prestancia. No se puede: el sendero es para andar. Más ancho, más limpio, más seco. Llega hasta el área de esparcimeinto, donde un molino se restaura igual que otro más atrás. Lo que queda es más estrecho, pero es mejor: la vista de la Férveda, con mirador incluido. Pena de un pequeño puente que cruce en la parte angosta, tal vez con el tiempo, si Augas lo permite. O, ya puestos, una subidilla al castro superior, donde la vista debe ser contraproducente para la tensión, pero no para los ojos.