Miscelánea social

LUIS LAMELA

CARBALLO

GALICIA OSCURA, FINISTERRE VIVO | O |

17 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

NUESTRA TIERRA posee paisajes que nunca defraudan, pueblos con encanto especial y otros maltratados en lo urbanístico. Tiene preciosos rincones, señalados monumentos prehistóricos e interesantes itinerarios sin señalizar y sin descubrir por los turistas, lugares y paisajes, también con agresiones medioambientales y situaciones paradójicas, que pasan desapercibidos para quienes viven sin la inquietud de explorar y sin la curiosidad de volver a descubrir. Y, tiene, además, en algunos delimitados espacios temporales, un significado especial. La Semana Santa es, en Fisterra, un espacio para el sosiego y para la tranquila contemplación del paisaje -el físico y el espiritual-, sin perder la oportunidad de observar críticamente el entorno social y humano, tan diverso y complicado. Por eso que los recuerdos de los días pasados en aquel rincón siempre vuelven cuando se acercan estas fechas de recogimiento y descanso. Hace dos años, en la mañana del Jueves Santo siguiente a la pasión del Prestige , transitando por el paseo marítimo dunar de la playa de Langosteira, cuando unos trabajadores de Tragsa limpiaban con agua a presión las chapapoteadas rocas del extremo norte del arenal y otros más cribaban mediante cedazos la arena de una playa en la que estaba prohibido el marisqueo, a la altura de la caseta de Protección Civil, un joven vestido con el mono blanco nos ofreció a la venta unos kilos de longueirón. En aquella misma semana, el Viernes Santo fue un día intenso en encuentros y pasos procesionales. En el cruce de caminos de lo que se denomina plaza de Santa Catalina, en Fisterra, en los preliminares del matutino acto religioso, la madre de una de las viudas de los dos últimos náufragos que habían fallecido en las proximidades de las islas Lobeiras, comenzó a contarnos su triste desgracia, perdiendo al ser querido y sufriendo por el desamparo de los nietos. Dolor, inmensa amargura en una semana de pasión oscurecida por la desgracia y por los nubarrones que con mucha prisa cruzaban aquel amenazante cielo. Y más tarde, casi al final de acto religioso, el agradable encuentro con Luciano Moreira, el venerable ex párroco de Fisterra que a sus 89 años aún le brilla en los ojos la ilusión por la obra bien hecha: una fundación dedicada a la enseñanza y a residencia de ancianos y niños desamparados, ejemplo de tenacidad y desprendimiento, de cordura y altura de miras que muy poco se ha valorado por quienes ahora disfrutan de su trabajo y desvelos. Y, después, en el restaurante O Centolo, la cruda realidad de la inmigración acercándose también a nosotros: una joven camarera de origen argentino y abuelos emigrantes fisterráns, que nos habló de soledades y de abandonos y del deseo de viajar en diciembre de aquel año a su Argentina natal. Triste realidad que sigue hoy persiguiendo a quienes sus antecesores quisieron ofrecer mejores condiciones de vida, sacrificándose por ellos en el doloroso desarraigo del exilio económico y social y cuya herencia imprevista sufren hoy sus descendientes, en una triste y no deseada repetición de sufrimientos y de amarguras, en un camino de vuelta a los orígenes de sus padres para sufrir el desarraigo también en el Fisterra. El Sábado Santo fue un mar de lluvias y visitas familiares y como última parada en Fisterra, después de visitar el Breogán-La Frontera, fue la cafetería La Galería, de ambiente cosmopolita, psicodélica decoración marinera-ecológica, simbiosis de historia y poesía y agradable ambiente musical. Un buen rincón para la tertulia y la espera del día de la resurrección.... del fallecido Plan Galicia de la Costa da Morte.