Hermanamiento y emigración

JOSÉ FERNANDO CARRILLO UGARTE

CARBALLO

TRIBUNA ABIERTA | O |

05 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

HACE POCO tiempo se cumplía el décimo aniversario de la aprobación por el pleno del Concello de Fisterra de la ratificación de la declaración de hermanamiento con las municipalidades de Florencio Varela y Avellaneda, de la provincia de Buenos Aires y lugar de residencia mayoritaria de los fisterráns afincados en la hermana república Argentina, el cual había surgido con ocasión de la primera visita que un alcalde de Fisterra realizaba a los emigrantes de este municipio en ese país y atendiendo a una invitación de la junta directiva de la Sociedad Finisterre en América, en los últimos días del mes de noviembre de 1994. Parecía que se iniciaba una nueva etapa en las relaciones a nivel institucional con los entes municipales donde reside un importante número de fisterráns y sus descendientes, pero, por desgracia, todo ha quedado en papel mojado y en el baúl de los recuerdos. En esa declaración se expresaba la voluntad solidaria de colaborar «al bienestar de sus ciudadanos» mediante el desarrollo conjunto de programas de intercambio cultural, social, educativo, de información, turísticos y deportivos. Que estas actividades se realizarían en los municipios implicados en dicha declaración y con la participación de autoridades e instituciones representativas en un marco de colaboración y participación. Además, se establecería un día de celebración dedicado a cada uno de los municipios participes en el hermanamiento y se crearían los correspondientes comités organizadores presididos por el alcalde y los intendentes en sus respectivos territorios. Recuerdos De todo esto sólo cabe recordar la visita de una delegación institucional del municipio de Avelleneda a Fisterra y la inauguración, con ese motivo, de la placa que da el nombre de Avellaneda a una de las calles más céntricas de la villa, mientras que, recíprocamente, fue inaugurado en Avellaneda el paseo Cabo de Finisterre hace algunos años, sin que nada nuevo se haya hecho al respecto. Por eso cabría preguntarse a nivel de nuestros políticos locales: ¿Dónde está la voluntad de preocuparse e interesarse por la realidad social y política que afecta directamente a los emigrantes fisterráns y a sus descendientes en esos municipios? ¿Qué preocupación hay por la difusión y el conocimiento de la cultura gallega en esas tierras? ¿Qué interés hay en el mantenimiento de la galleguidad entre los descendientes de los emigrantes fisterranes y el vínculo con la tierra de sus orígenes? Fraude electoral Desgraciadamente, nuestros políticos sólo se acuerdan de los emigrantes cuando llegan las elecciones (porque ahora son muchos los que figuran en el censo electoral), para conseguir el voto fácil con falsas promesas de pensiones y subvenciones aprovechando las necesidades económicas que muchos padecen, llegando a la falsificación de documentos, suplantación de personalidad y hacer votar hasta los muertos. Este hecho obligó a repetir la votación de los residentes ausentes en las últimas municipales y hasta ahora no ha sido aclarado. De ahí que hay en la corporación municipal de Fisterra un grupo que está deslegitimado moralmente al no haber respetado el sistema democrático. Pero, ¿quiénes urdieron esa trama? ¿Quién está con las manos manchadas? ¿Quién utilizó a los emigrantes para sus fines torticeros? Algún día las investigaciones darán su fruto y la justicia deberá pronunciarse, mientras que nuestros políticos deberán valorar a los emigrantes como personas y no sólo utilizarlos como votantes.