El capitán marítimo de Corme alerta sobre los vuelcos de pesqueros

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Cree que los cálculos de estabilidad deberían hacerse con el barco sobre la cresta de la ola Fernando Vidal sospecha que los últimos naufragios fueron por las mismas razones

26 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?l capitán marítimo de Corme, Fernando Vidal, vivió muy de cerca el naufragio de O Bahía . Ya entonces advirtió a varios armadores y compañeros de profesión del peligro que existía de que se produjeran otros siniestros similares. Las tragedias del Nuevo Pilín y el Siempre Casina parecen darle la razón. Según Vidal Pombo, el principal problema radica en que los cálculos de estabilidad de los buques se realizan contando con que el buque se encuentra en aguas tranquilas y no sobre la cresta de la ola. A todo ello se le puede añadir que para conseguir más espacio se construyen barcos con más altura, ya que los GT (Gross Tonelaje, medida de volumen y peso) corresponden sólo a la zona estanca y con los mismos se pueden hacer embarcaciones mayores y con más servicios. De todos modos, se cumplen los criterios de estabilidad de la normativa actual que el capitán marítimo de Corme considera que debía modificarse. Para Fernando Vidal, en los naufragios del O Bahía , el Nuevo Pilín y el Siempre Casina se han dado circunstancias muy similares. Señala que lo más probable cuando se produjo el accidente es que todos ellos navegaran de popa con olas de viento de longitud igual a la eslora del barco siniestrado. En esta circunstancia el buque puede quedar sobre la cresta de la ola durante unos segundos, circunstancia conocida como quebranto. En esos momentos, la estabilidad es mínima y es muy fácil que la embarcación pueda dar la vuelta. Recuerda además que el único superviviente del último naufragio, Gerardo Taboada, explicó que había notado un golpe de mar por la popa. Serio peligro Fernando Vidal asegura que se ve en la obligación de realizar estas advertencias porque «tengo hijos en el mar» y creo que hay varios barcos que corren un serio peligro. «Estoy convencido de que esto va a volver a pasar». Este tipo de accidentes no son desconocidos para los marinos mercantes. En un texto de los años setenta de Teoría del Buque, de Antonio Bonilla, que se usaba en la Escuela Náutica de A Coruña ya se asegura que «las estadísticas, según O'Dogherty, confirman que de 16 barcos zozobrados por mal tiempo, 10 de ellos han sido a causa de olas longitudinales, y sólo dos de ellos han sido por el mar de través, los 10 barcos perdidos navegaban con fuerte mar de popa o aleta, con escaso franco bordo, y en algunos casos la fuerza del viento no excedía la fuerza 5». Por ello, en el libro se deja claro que «la máxima disminución de la estabilidad es navegando con mar de popa, de longitud igual a la eslora del barco, con la cresta próxima a la cuaderna maestra y no es de extrañar que algunos buques se pierdan en circunstancias duras de mar, a pesar de satisfacer los criterios de estabilidad que existen en la actualidad». Cuando ello sucede, el tiempo de reacción es mínimo y Fernado Vidal cree que el superviviente estaba muy cerca de la puerta o incluso con ella abierta cuando se produjo el vuelco. Fernando Vidal también asegura que en la zona la longitud de las olas va de los 200 a los 20 metros y que incluso pueden ser menores, por lo que cualquier barco está en peligro, aunque la situación empeora en los barcos con poco franco bordo.