¿Hay alguien ahí?

Rubén Ventureira A CORUÑA

CARBALLO

XOSÉ CASTRO

Reportaje | Espectáculos que resultaron grandes fiascos Jesús Vázquez, la Orquesta Mondragón y Los Panchos fracasaron en la ciudad

17 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?acía casi treinta años que no actuaban. Antaño, en los setenta, llenaban los teatros de su ciudad, A Coruña, la misma que les dio la espalda el pasado sábado: sólo cinco niños pasaron por taquilla para ver la reaparición de los payasos coruñeses Pim, Pam y Pom. Ante tan escaso eco, se optó por decretar la entrada libre en el Sporting Club Casino, lo que maquilló el asunto. Los herculinos respondieron mal ante una buena causa, porque se trataba de recaudar fondos para los afectados por el tsunami. Este pinchazo trae el recuerdo de otros espectáculos que pifiaron de forma espectacular (valga la redundancia) en la ciudad. Los más recientes y sonados tienen como escenario el Coliseo. Jesús Vázquez ostenta el récord negativo de este recinto. Hubo un tiempo en el que al ferrolano, acostumbrado hoy a audiencias millonarias, se le dio por el pop manta. Cantaba A dos milímetros escasos de tu boca y horteradas por el estilo. Pese a la intensa campaña de promoción, sólo atrajo a doscientos espectadores, adolescentes en su mayoría. «No lo entiendo, con lo bien que canta», se escuchó decir a un pariente del simpático presentador (y mal cantante, todo hay que decirlo) mientras contemplaba el goteo de personal en las puertas. Llora Gurruchaga Aquel patinazo se produjo el 4 de septiembre de 1993. Unos días antes, el 28 de agosto, a la Orquesta Mondragón le fue un poco mejor : 300 espectadores. La dirección del Coliseo ofreció a los músicos la suspensión a cambio del abono de los gastos de desplazamiento, pero Gurruchaga y cía querían también cobrar el caché, lo que no coló. Así que saltaron al escenario. El único que se lo pasó como un enano fue Popocho. Hay quien recuerda a Gurruchaga llorando en el camerino a la conclusión del concierto. Patinazos menos estruendosos, pero también sonados, protagonizaron Mónica Naranjo y Raúl. La diva catalana, que en la gira de su primer disco de éxito metió a 8.000 en el Coliseo, se estrelló el 16 de agosto del 2000: sólo 2.000 pasaron por taquilla. Unos días después, suspendió el tour por enfermedad, aunque se sospecha que la escasa respuesta popular también influyó. El 5 de octubre de ese año, otro donut musical manufacturado por las radiofórmulas, el vitoriano Raúl, convocó a mil fieles en el recinto de Lavedra. La feria taurina también ha recibido cornás del respetable. En la feria del 2001, el aspecto del coso fue desolador casi todas las tardes, especialmente la del 6 de agosto, cuando Miguel Rodríguez, Juan Bautista y Jesús Millán se jugaron la vida ante mil y pico. Lalo, devorado Cambio de tercio. Pasemos a otro recinto. El legendario Pabellón de los Deportes. En los años 80, sin Coliseo, era el escenario de los grandes conciertos. Algunos, grandes sólo sobre el papel cuché. La famosa Lucía, la que cantó Él en Eurovisión en 1982, optó por la suspensión porque sólo había vendido diez entradas. Un centenar pasaron por taquilla para ver la actuación conjunta de la Orquesta Platería y del Gato Pérez, que fue consolado por su mánager, un jesuita. El mismo número de espectadores rieron el Devórame otra vez de Lalo Rodríguez y las gracias de Pedro Reyes. Subamos el listón un poco. Trescientos convocaron Los Panchos en el que fue su primer recital en la ciudad. El mismo promotor los trajo unos años después a una discoteca y reunió a 1.000. Raphael, el niño de Linares, estaba de capa caída antes de que Escándalo relanzase su carrera. Antes de ese renacer, lo vieron medio millar de seguidores en el Pabellón de los Deportes. La entrega de estos contados devotos fue total: hasta le lanzaron bragas. En el Rosalía de Castro, donde triunfa el teatro, fracasaron los músicos Niels-Henning Orsted Pedersen, en 1997, y Ray Manos Duras Barreto, un año después: convocaron a menos de veinte personas. El último fiasco lo protagonizó el mes pasado el espectáculo de danza Después te lo cuento , que sedujo a 50.