PASABA POR AQUÍ
20 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.AHORA QUE van a volver los emigrantes de Suiza (bueno, ahora: en dos años y medio, tiempo para que un bebé ya hable casi perfectamente), al margen de que van a llenar de dinero algunos bancos y van a ocupar al fin algunas casas cubiertas por los sonidos del silencio, algún ayuntamiento podría ir pensando en dedicar un monumento, una placa, algo, a los emigrantes. Salvo error u omisión involuntaria, el único cercano que se ha acordado de ellos, con una escultura digna, es el de Val do Dubra. Los emigrantes (hablamos en este caso de los europeos, de tres y cuatro décadas hacia aquí), no lo olvidemos, levantaron casas y pueblos con sus remesas económicas. Sacaron de la casi-miseria a muchas familias, lograron que sus descendientes estudiasen con cieto desahogo. Es cierto que no buscaban el bien de Galicia, sólo el propio. Aún así, nos sacaron el frío del cuerpo.