PASABA POR AQUÍ
11 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.QUEDAN TODAVÍA lugares de ensueño de esos que harían soñar a Cunqueiro con tesoros ocultos, meigas y trasgos. La carretera que va del Cementerio de los Ingleses hasta Cabo Vilán es un buen ejemplo. Uno se encuentra con el granito y el mar y respira paz, libertad y como una atmósfera plagada de espíritus y de secretos. También es posible admirar el pequeño puerto de Gures, una esquina del mundo que parece hecha para refugiarse de todo lo que sale mal, como una Tierra Prometida a nivel doméstico. Queda algún otro lugar, de esos que permanecen porque los tojos y la ausencia de caminos refrenan las ansias expansionistas del hormigón. Antes había más, pero los fuimos perdiendo. Así que hay que disfrutar de estos rincones lo más que se pueda. Y rápido. Porque si esto sigue en el mismo camino, esos pequeños paraísos tienen los días contados. ¿Cuánto les queda? Hagan sus apuestas.