La paradoja de un embalse

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CIBEIRA

Reportaje | La vida al pie de un lago artificial Los más veteranos del lugar recuerdan la época anterior a la construcción del pantano y se quejan de que tienen menos agua que antes y más enfermedades

06 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?na vez más, el embalse de Fervenza se ha convertido en el termómetro particular de la sequía que en los últimos meses afecta a la Costa da Morte. Pero con la bajada de las aguas, además de comenzarse a intuir los restos de la vida que hace años latió en el fondo del pantano, también han salido a la luz algunos de los problemas que viven los vecinos de este lago artificial creado por la combinación del hormigón y la corriente del río Xallas. Mientras los responsables de Ferroatlántica, la empresa concesionaria, manifiestan su preocupación por el nivel de agua del embalse (un 5% de la capacidad total), que les obliga a mantener parada la producción eléctrica, los habitantes de los pueblos más próximos se quejan de que la construcción no les ha traído ni una cosa ni la otra. A sus 65 años, Paulina hace ya varias décadas que vive en Xestosa, pero aún recuerda cómo su padre tuvo que abandonar el hogar familiar de Os Vaos ante la irremediable subida de las aguas: «Houbo moita xente que deixou as súas casas, porque aínda que ninguén quería facelo non había máis remedio que aceptar o que ofrecían», explica desde su vivienda actual, situada a menos de cincuenta metros de un lugar que alcanzan las aguas en invierno, pero que en los últimos tiempos se ha convertido en una especie de prado arcilloso. «No inverno, agora vai moito máis frío e néboa e hai máis enfermidades por ter esa auga aí ao lado», relata Paulina antes de desvelar una curiosa paradoja denunciada también por otros vecinos de la zona: «E o peor é que nin sequera temos máis auga que antes, xa que a maioría das fontes quedaron por debaixo do embalse». Cuando María Lourido, la responsable del bar Salamanca, en Brandoñas, se marchó a la emigración, el embalse aún no había sido construido, por lo que durante los años en los que visitaba la zona únicamente durante el verano se acostumbró a ver el pantano con un aspecto similar al actual. Sin embargo, desde que regresó para quedarse hace siete años ha podido comprobar también los efectos del lago artificial: «Agora hai maís reumas», confirma. No muy lejos de allí, en Orbellido, Andrés Manuel del Río coincide en el dictamen negativo y en la contradicción: «Temos menos auga que nunca xa que nos quedamos sen fontes e a traída ten pouca forza», se lamenta este ganadero de 52 años que no duda en afirmar que el embalse ha supuesto un duro golpe para la economía local: «Levouse algunhas das mellores terras dunha zona que era moi rica e ademais aislounos ao deixarnos cunha única vía de acceso», explica para justificar su sentencia particular: «Non trouxo beneficio ningún ao lugar». Así, mientras en el resto de la Costa da Morte, los agricultores miran al cielo a la espera del agua que riegue sus campos, en los márgenes de Fervenza, sus habitantes contemplan la tierra añorando un pasado sin agua empantanada que ya sólo regresa en esta época del año.