BERRO SECO | O |
24 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.HAY DOS palabras para definir el estado de ánimo de alguien que ha sido víctima de un robo. Una es indignación, reacción lógica que cualquiera comprende y que no necesita de más explicaciones. La otra es resignación, y ésta, aunque menos lógica, es igual de comprensible. Los afectados, todos, se quejan de que los delincuentes no sólo son habituales, sino que reinciden sin que ni las denuncias ni las detenciones sucesivas terminen con una oleada que ya es casi permanente.