CRÓNICAS DE FISTERRA | O |
30 mar 2004 . Actualizado a las 07:00 h.LA INTRODUCCIÓN de redes barrederas por los fomentadores de pesca catalanes, junto con la creación de la matrícula del mar en el año de 1748, alteró tan seriamente el nivel de vida de nuestros marineros que se vieron obligados a practicar la pesca de subsistencia. Lo realmente grave consistía en la total evaporización de la escasa libertad que ya tenían, para convertirse en prehistóricos proletarios de los catalanes y ultraservidores de la Marina de Guerra Española. Los primeros disturbios se iniciaron en 1750. Sin embargo, hasta 1812 no se dispone de informaciones significativas. En 1758, los matriculados del puerto de Corcubión protestaron contra el uso de la jávega -Llangostera, en catalán, de donde le viene el nombre a la playa Lagosteira de Fisterra- y así se entró en una danza interminable de prohibiciones y autorizaciones de la citada red que no sirvieron más que para excitar los nervios de los marineros matriculados del mar. Comienza así una oleada de protestas e incendios de Llangosteras. El inicio fue en la ría de Muros. El diezmo del mar dejó de ser pagado por catalanes y matriculados, aunque por razones bien distintas, lo que afectó al alto clero. Los catalanes justifican su negación basándose en que son transformadores de materias primas y los marineros, en que carecen de bienes para la pesca. Empiezan así los pleitos judiciales... ¿Por qué la penetración catalana no fue un punto de partida para la industrialización de Galicia? El auge demográfico y la estructura jurídica de la propiedad de la tierra proporcionaron la falta de rentabilidad, la imposibilidad de inversiones, el subempleo y la emigración. La sociedad de la Galicia marítima dejó de ser conflictiva y la bueguesía catalana pasó a situarse al lado de las clases dominantes en la cúspide de la conocida pirámide social.