Un mirón en el «picadero»

C. Abelleira CARBALLO

CARBALLO

Crónica | Los peligros del amor La Policía Local de Carballo sorprendió en las inmediaciones del colegio de A Cristina a un individuo que se dedica a espiar a las parejas

23 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Un hombre de unos sesenta años que pasea a las cinco de la madrugada del sábado por las inmediaciones del colegio de A Cristina no tiene porqué llamar la atención. A no ser que vaya vestido como si viviese en Alaska y moviéndose como un espía entre la maleza. A la patrulla de la Policía Local de Carballo que, casualidad, también se encontraba ese día y a esa hora en la zona le pareció sospechoso. De modo que los agentes decidieron aparcar y preguntarle. Pero los uniformes asustaron al individuo, que, ni corto ni perezoso, echó a correr por las fincas que aún quedan sin edificar en la zona, a pesar de los gritos de los policías para que se detuviese. Nada más lejos de su intención. El desconocido saltó la valla del colegio -unos dos metros de alto- con la intención de eludir a los agentes, pero, tras una intensa persecución, el sujeto fue localizado dentro del recinto escolar. Cuando los policías quisieron saber el motivo de semejante actitud, el hombre, sin ningún rubor, les explicó que lo único que hacía era espiar a las parejas que aprovechan la oscuridad de la zona para tener un momento de intimidad. Pero, a esa hora, tanto movimiento en el picadero había provocado la alarma entre sus usuarios, de forma que poco a poco los coches empezaron a abandonar el lugar. La policía tuvo la ocasión de preguntar a algunas parejas, que, efectivamente, comentaron haber visto a alguna persona merodeando cerca de los vehículos. De hecho, todo indica que para este sujeto, en concreto, no era la primera vez. El individuo, de 58 años de edad, iba preparado para combatir los rigores de la noche y las espinas de los toxos con botas de goma, dos pantalones, otras tantas chaquetas y guantes. Y no sólo reconoció ante los policías, que escuchaban atónitos, el motivo de su presencia, sino también que suele hacerlo con frecuencia, porque le produce placer y porque sabe que no es un delito. Está claro que la experiencia es un grado.