La princesa se queda en la número 4

Eduardo Eiroa Millares
E. Eiroa CEE

CARBALLO

CASAL

Reportaje | La monarquía en la Costa da Morte Letizia Ortiz se hospedó durante una noche con un equipo de TVE en una casa de turismo rural en Muxía

03 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Corría el mes de diciembre, poco antes de Navidad, cuando un coche con tres personas en su interior echaba el freno en Chorente, Muxía, a la puerta de la casa de turismo rural de Joaquín España Fernández. Era una noche horrible, de viento y lluvia, y los ocupantes corrieron al interior de la casa. Eran periodistas, pero una de ellas era de esas que con los años llegaría ni más ni menos que a reina. Letizia Ortiz, un cámara y un técnico de sonido se quedaron en A Barca, que así se llama la casa, durante tan sólo una noche. Joaquín España recuerda aquella noche con un cariño especial. Cuenta que ella se hospedó en la habitación número cuatro, que se llama Batel. No se sabe si cambiará de denominación en los próximos días. Fue tan sólo una noche, pero tiempo suficiente para que comiencen a aparecer reliquias en torno a la futura reina. La que fuera periodista hasta hace unos días llegaba desde Pontevedra de cubrir una información sobre una depuradora de mariscos. De allí traían unas cajas de ostras que fueron parte del menú de la cena. Recuerda Joaquín España que venían todos cansados y que decidieron no salir. Él se ofreció a hacerles una tortilla y en eso estaba cuando Ortiz le sacó de las manos el batidor y se puso ella misma a preparar los huevos. Los próximos inquilinos de A Barca podrán prepararse tortillas con los mismos utensilios que usó la familia real. Eso si no acaban en una vitrina. Ésa es la parte de la tortilla. La de las ostras es incluso más curiosa, porque allí siguen las conchas del marisco que se comió Ortiz. No es que el propietario sospechara algo, es que su casa está decorada con temas marinos, entre ellos una cuerda con mejillones imitando a las bateas. Así que cuando vio todas aquellas conchas, decidió montarse otra cuerda con las ostras. Y de la casa de A Barca penden los restos del festín que se dio la futura monarca. Algún átomo suyo quedará en ellas. Poco podían imaginarse en Muxía, que se volcó con la visita de los reyes, que por allí, de incógnito, trabajaba en los medios el futuro de la monarquía española. Dice Joaquín España que Ortiz es una persona de las que uno no se olvida, que era simpática, bromista y autosuficiente y que, «mentres outros pídenche axuda para meter no coche unha bolsa pequena, ela loitaba escaleras abaixo cunha maleta moi grande e moi pesada». Como una premonición del peso de la corona. Se fueron al día siguiente, pero su huella ya está Muxía. Dos reinas en menos de un año.