La exposición sobre el trasatlántico muestra cartas originales en el Acuario La colección acoge la única lista de pasajeros que se conserva del naufragio
01 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.A bordo del Titanic, durante los dos días que duró la malograda travesía, algunos de los pasajeros tuvieron tiempo de escribir. Textos recuperados del lugar del naufragio que ahora se pueden contemplar detrás de una vitrina en Titanic, the exhibition. La exposición sobre el trasatlántico, que desde el sábado es posible visitar en el Aquarium Finisterrae. William Murdoch era el primer oficial del barco cuando zarpó de la dársena de Southampton el 12 de abril de 1912. Pero pocos días antes, estaba previsto que ocupase el cargo de oficial jefe. Un descenso de categoría que le disgustó, y relató en una carta a su hermana tres días antes de la partida del buque. En ella, expresaba su esperanza de recuperar el puesto perdido. Este miembro de la tripulación fue el más prolífico en textos, pero sólo se recuperaron dos de las cartas que escribió en el Titanic. La segunda, dirigida a su madre enferma, data del 11 de abril y narra el incidente que sufrió la nave a su salida del puerto inglés. «Cuando zarpábamos, el Oceanic y el New York rompieron amarras y se vinieron hacia nosotros a una velocidad de 19 o 20 nudos. Menos mal que no llegamos a colisionar», relató por escrito el marino. Arruinado Erik Lind era sueco y estaba arruinado. Por esta razón, decidió embarcarse en el Titanic y buscar fortuna en Estados Unidos. Para no alertar a sus acreedores se inscribió en el trasatlántico con un apellido falso, Lingrey. Con esta identidad, desde allí, dirigió unas líneas a su mujer Elsa, en las que describía el impresionante barco. «No puedes imaginar lo colosal que es este buque, nadie podría aventurar lo lujoso que resulta» dejó impreso en una pequeño trozo de papel. Otros documentos Las cartas personales de los pasajeros no son los únicos documentos que se conservan en la exposición dedicada al trasatlántico, y que estará en la ciudad hasta el 26 de octubre. La lista de los pasajeros de primera clase aprobada por la White Star Lines -empresa propietaria del navío- espera a los visitantes. Una lista de innumerables nombres, con las personas que embarcaron. Los hombres más acaudalados de la época navegaban en la clase más chic. Jon Jacob Astor, heredero de una importante firma de pieles, Isidor Strauss, dueño del almacén más grande del mundo en aquel momento, y Benjamin Gugenheim, conocido como el rey del cobre, formaban la relación. Todos perecieron en el naufragio. La relación original de los cuerpos recuperados y enterrados en el cementerio de Halifax (Canadá) -la única que se conserva de las tres que existieron- también se esconde en la exposición. En ella se apuntaron las características físicas de las personas encontradas, y si había algún dato que pudiese ayudar a identificar el cuerpo. A pesar de los esfuerzos, decenas no se pudieron reconocer -sobre todo pasajeros de tercera- y se encuentran enterradas con sólo la fecha del naufragio en sus lápidas. Sus nombres probablemente nunca se recuperen del fondo de los mares, donde desaparecieron.