Turistas exprimidos

| EDUARDO EIROA |

CARBALLO

PASABA POR AQUÍ

28 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

ES NORMAL que desde muchos sectores se rasguen las vestiduras por la falta de visitantes. Sobre todo si se han ido acostumbrando a exprimir sistemáticamente la cartera del visitante. Para alquilar un piso normal el madrileño de turno tiene que poner sobre el tapete, digamos, 1.500 euros en agosto. Para comer por ahí la clásica lubina con centollo, pues casi otro tanto. Por abrir la boca a un turista le cobran. Pasa casi en todas partes, pero la oferta de otros lugares es más amplia y el visitante se arruina con gusto. Aquí, encima, llueve, y los que hace años venían porque resultaba baratito están cayendo de la burra. Por eso los que están habituados a forrarse a base de carne de turista están tristes y se lamentan. Pensaron que los de fuera eran como una vaca sin límite de ordeño y resultó que los señores visitantes, como los animales de Moraime, también sabían hacer las maletas y marcharse a mejores pastos.