Las merendas se cotizan al alza

Eduardo Eiroa Millares
E. Eiroa CEE

CARBALLO

En directo | Romería campestre Cientos de personas acudieron a la fiesta de santa Margarida en Zas para realizar, durante toda la tarde, las tradicionales comidas en el campo

26 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

El mal tiempo lo intentó, pero no lo consiguió. La fiesta de santa Margarida volvió a llenar, pese a que los coches patinaban en el barro y los pies se hundían hasta los tobillos en los charcos del campo de Muíño, en Zas. Con Protección Civil trabajando a pleno rendimiento contra el caos de tráfico habitual y autobuses llegando desde Pontevedra a disfrutar del ritual de la merenda, la capilla de la santa se volvió a llenar. El día antes los camiones subieron la imagen desde la iglesia parroquial entre salvas de bombas de palenque. Ya entonces se plantaron los primeros toldos, que no se movieron del sitio, lo mismo que sus usuarios, pese al aguacero que soportaron durante todo el día de ayer. Además de la lluvia, los cinco euros por aparcar fuera del recinto de las merendas y los diez que pedía el propietario de los terrenos por meter el coche hasta el comedor, tampoco disuadieron a los incondicionales de la fiesta. Los más veteranos se habían guardado las espaldas reservando plaza dos meses antes, para poder montar el chiringuito en los mejores lugares: la sombra de los carballos -o la protección que ofrecen contra la lluvia-, es lo que más se cotiza. A la hora del vermú los bares instalados en la plaza de la capilla eran un hervidero de curiosos. Poco después comenzaban a sonar las llamadas a los rezagados para que se acudiesen a sus merendas, unas comidas que duran aproximadamente todo el día. La lluvia no pudo anular el olor a churrasco y a empanadas, ni las risas de todos aquellos que plantaban cara al mal tiempo. Hoy la santa volverá a su iglesia de O Couto, donde se quedará esperando hasta el año próximo una nueva y multitudinaria romería. Para llevarla de regreso subirán de nuevo los camiones del pueblo, y bajarán con ella, además de los vehículos, los que, como es tradición, se quedaron bajo los toldos comiendo, bebiendo y cantando durante toda la noche en santa Margarida. Por amor a la fiesta y, dicen, por no dejar sola a la santa y acompañarla en su viaje de regreso a la vida cotidiana.