PASABA POR AQUÍ
17 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LA SANTA madre Diputación tiene de uñas a sus hijos. Ella, tan generosa en sus dones, ha sembrado la discordia entre sus herederos. Es normal, pasa en las mejores familias. Los que van, van porque les manda el partido, y los que no van, votan, por unanimidad, a los que van. Pero sólo unos pocos emprenderán el preciado viaje a A Coruña. El santuario de mármol blanco y ascensores dorados que está allí sólo se ofrece a los elegidos. Ese hemiciclo en el que se cuece el bien de los pueblos y el reparto de impuestos tiene algo. Tiene bonitos despachos y cierto aire de corte. Pero para llegar hay que jugar bien las cartas y saber ofrecer al que da el beneplácito. Es un pastel que, por ley, se comen unos pocos. Sólo los que al fin lleguen al sillón saben lo duro que fue el camino. Los generales de Alejandro -Magno- se mataron entre ellos para quedarse con todo. Eso que iban en el mismo bando.