«No me lo pensé dos veces»

Juan Gómez-Aller A CORUÑA

CARBALLO

CÉSAR QUIAN

Guadalupe Louro no dudó en meterse en el túnel de humo que llenaba cada centímetro de una casa de Labañou, donde una anciana de 93 años con problemas de movilidad gritaba pidiendo auxilio. Era el 21 de enero de este mismo año, y Lupe arriesgó su vida y consiguió salvar la de aquella mujer. Héroes por accidente con sólo una medalla de tinta -la de los periódicos- siguen con sus vidas en cada calle de la ciudad. Son dos decenas de salvadores sin contrato, a los que nadie ha colgado una condecoración por salvar a otras personas o recaudaciones. El metal sí colgará sobre los hombros de José Gómez Bao, el cullerdense de 72 años que rescató a cuatro niños de un incendio en junio del año pasado, y que fue nombrado héroe oficial por el alcalde del municipio, Julio Sacristán. Ahora recibirá la Medalla de Bronce de Galicia, también por aquella hazaña. El resto sigue ahí. La última en incorporarse a este club es Paula Iglesias, la coruñesa que libró a dos jóvenes surfistas de morir en la playa de Sabón. «No tuve miedo, aunque el mar siempre impone respeto», comenta a toro pasado. Su entrada en ese grupo se produjo cuando todavía estaba fresco el corte que recibió José Manuel, El Cubano , tras enfrentarse a un tironero armado con dos cuchillos en la calle Pascual Veiga. Juanito Darriba A Juanito Darriba, el niño de 11 años que murió en 1896 al tratar de salvar a una mujer en el Orzán, tampoco le dieron medalla, pero sí toneladas de flores que desde hace más de cien años adornan su lápida en San Amaro. Hace sólo dos, A Coruña decidió sacar su alma de allí y pintar con ella una de esas placas azules con categoría de calle. Hubo que hacer sitio, y sacrificar la rúa Cabana para poder atornillar la memoria de Darriba. «A Coruña recuerda a sus benefactores», había dicho entonces Francisco Vázquez sobre el precursor del club de héroes coruñeses del 2003. Y de esos hay más. Muchos se pierden en las iniciales que ofrece telegráficamente atestados de la Policía Local, como J.?V.?G., que recibió una puñalada en el abdomen cuando se enfrentaba al tironero que había marcado segundos antes al Cubano. Como otros héroes sin más reconocimiento que las miradas de aprobación y complicidad de los vecinos del barrio, acabó bajo las luces de un quirófano del Canalejo. Es un precio menor que el que pagó Juan Darriba hace 107 años, pero un peaje sangriento para convertirse en el penúltimo héroe de la intrahistoria coruñesa.