Pobre Argentina

| EDUARDO EIROA |

CARBALLO

PASABA POR AQUÍ

02 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LO QUE pasó en Fisterra con el voto argentino se veía venir. Estaba cantado desde que los grandes partidos admitieron tácitamente que el granero del mundo se transformase en la cantera de papeletas de España. La lógica dice que si soy de Cuenca, pero me empadrono en Barcelona, votaré en Barcelona, y lo mismo si soy de Fisterra, pero vivo en Buenos Aires. Los que admitieron que no fuese así durante años, mirando a otra parte mientras los votos les llenaban la urna, que no se rasguen las vestiduras. Dejaron el banco mal vigilado porque de vez en cuando metían en él la mano para llevarse los cuartos, que no se desmayen ante estos lodos. Es de cajón: en unas municipales sólo vota el que vive en un sitio; en unas generales, los nacionalizados lo harán en una urna en algún colegio. Y el que no quiera, que no vote. Pero esto ya lo sabían los que dejaron la puerta abierta para convertir aquello en un circo.