La lucha por juntar la oreja

Eduardo Eiroa Millares
E. Eiroa CEE

CARBALLO

23 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Una noche de principios de febrero, Jéssica Canosa se fue la cama con los pendientes puestos. Cuando se despertó por la mañana, el de la oreja derecha descansaba en la almohada y la niña, de seis años, tenía el lóbulo desgarrado y dividido. Ahí empezó para su madre, Irene Rodríguez, de Sardiñeiro, un viacrucis de hospitales para tratar de reparar la oreja de su niña. Primero visitaron al pediatra, que al ver la herida y comprendiendo que era posible reconstruir el lóbulo antes de que cicatrizara, la mandó a Urgencias. En Urgencias, cuenta Irene, le dijeron que lo mejor para hacer un buen apaño era que consultase al dermatólogo y allá se fue. El dermatólogo le dijo que tratándose de una niña lo mejor era que la viese un cirujano plástico en el Materno, en A Coruña. Para cuando Irene llegó con su hija al Materno, la oreja ya estaba más que cicatrizada. Allí, cuenta la madre, el cirujano le dijo que, de operación, nada, que por criterios estéticos la Seguridad Social no operaba. Puso una reclamación en el Sergas, pero la respuesta fue la misma. Ahora, si quiere reconstruir el lóbulo partido de su hija, se ve obligada a pagar un cirujano privado, algo que ella no entiende. «¿Como é posible -se pregunta- que noutros sitios a Seguridade Social faga ata cambios de sexo e non operen a miña filla de unha cousa tan pequena como esta?». Jéssica dice que a ella no le duele nada, pero su madre quiere que su niña tenga una oreja normal, y se pregunta por qué no la operan cuando no se trata de un problema de nacimiento, sino de un accidente: «Pagamos impostos para algo, creo eu», dice. Aunque no le duele, a Jéssica también le gustaría recuperar su lóbulo para poder llevar pendientes el día de mañana como el resto de sus amigas. Su madre no pierde la esperanza de conseguir su objetivo. Y en ello están, en plena lucha.