La cara amarga del voluntariado

CARBALLO

Un rumano que lleva cinco meses en Muxía dice que tiene problemas de salud y dificultades para operarse

02 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Llegó a Muxía el 19 de diciembre junto a otros rumanos que llevan trabajando sin parar desde entonces. Forma parte de la pequeña comunidad internacional que arrastró el voluntariado y en todo ese tiempo trabajó a cambio de la hospitalidad de los vecinos. Dicen que se desvive limpiando. No cobra nada. Cada día se enfunda la mascarilla y el mono blanco y carga fuel como el que más, donde haga falta y cando haga falta. O al menos eso hacía hasta hace unos días, hasta que empezó a sentirse mal. En un castellano todavía precario, Lazar Daniel explica que hace casi dos meses que comenzó a notar una inflamación en un testículo que le causaba grandes dolores. Cuenta también que de carretar fuel también comenzó a sufrir problemas de espalda, y sobre todo cuenta que al no ser español está pasando por un calvario. Dice Lazar Daniel que en Muxía se volcaron y que visitó médicos en la zona y hasta en Santiago, pero que después de más de un mes sus dolores siguen sin que la medicación que toma haga nada. Lo peor, cuenta Lazer Daniel, es que le han puesto trabas para una operación. «En Santiago -dice-, un médico me dijo que operarme podría costarme 6.000 euros». Él, por supuesto, no los tiene, y cree que tales tarifas no tendría que pagarlas si fuera español. Todavía está tramitando sus papeles y en Muxía ya se escuchan voces de marineros y mariscadores dispuestos a colaborar para conseguir esa cantidad. Crece la angustia Mientras no sabe qué le pasa, su angustia crece. Cada día, cuenta, le duele más, y no ve luz al final del túnel. «Antes de empezar a limpiar chapapote yo no tenía ningún problema; para limpiar no me pusieron pegas, pero ahora que tengo problemas veo que las cosas son más difíciles». En Muxía le echaron más que una mano. Consiguieron revisiones médicas para todos y les ayudan a tramitar los papeles que haga falta, pero la falta de respuesta ante su enfermedad multiplica también su pesismismo. No es el único que lo ha pasado mal. Otro voluntario está pendiente de un diagnóstico que podría confirmar una hernia discal ganada a base de cargar capazos, y un tercero, canario, ya fue operado hace un tiempo por igual motivo. No es la primera vez que algunos voluntarios acuden con mareos y problemas respiratorios a algún centro médico. Mientras no encuentra una solución, Lazer Daniel sigue preguntándose si es justo que le pongan precio a una operación que, asegura, apareció entre el fuel. Ahora le queda esperar por nuevas pruebas que le dejen respirar tranquilo. Sólo pide que se las hagan rápido.