PASABA POR AQUÍ
04 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LA APERTURA de la veda de las indemnizaciones del Fidac por el accidente del Prestige está dando lugar a situaciones esperpénticas, como la del pescador que presentó una factura de venta de pescado en la que el comprador es su propio padre. Con el petrolero todos somos a pedir, pero muy pocos se acuerdan de que lo mismo que tienen derechos tienen obligaciones. Lo peor es que estando en época electoral y después de lo ocurrido la Administración tampoco se atreve a meter mano en el asunto. En los peores días de la crisis, un alto cargo de un ministerio le dijo a un funcionario refiriéndose a las demandas de las cofradías: «Menos la mujer, dales lo que quieran». Así nos va ahora, pagando justos por pecadores y sin el menor sentido de la medida tanto en las ayudas como en las reclamaciones o en las ganas de terminar con las subvenciones.