De la huelga a la solidaridad

Gabriel Rivera CAMARIÑAS

CARBALLO

Los estibadores del puerto de Barcelona no pasan por su mejor momento. Están en plena huelga para reivindicar que se revoque una directiva de la Ley de Puertos, que les limita sus competencias. La literatura enseñó que es posible el amor en los tiempos del cólera y estos trabajadores se han apuntado al dicho y a algo que a veces parece un imposible, la solidaridad. En una reunión del colectivo se decidió organizar una colecta para comprar material para los voluntarios que limpian los vertidos del Prestige . Cada uno debía poner seis euros, a pesar de la huelga. Se recaudaron más de 7.000. Ayer, Manuel Hernández y Jordi Domenech llegaron a Camariñas con los utensilios adquiridos con estos fondos: botas de agua, chubasqueros, gafas de protección, guantes y mascarillas. «Queríamos que todo fuese de calidad, aunque trajéramos menos cantidad», señalán a dúo. Al final, 200 pares de cada objeto y de las marcas más reconocidas. También contaron en todo momento con la ayuda de la sociedad Estibarna y de la empresa Tercato, que fue la firma que proporcionó la furgoneta en la que realizaron el desplazamiento desde la capital catalana hasta el corazón de la Costa da Morte. El viaje fue toda una odisea. 1.200 kilómetros llenos de avatares. Salieron de Barcelona el martes. Una tormenta de nieve les sorprendió en Burgos e hicieron noche en León. Su intención era salir a primera hora de la mañana para llegar a Camariñas al mediodía de ayer. Las carreteras no fueron sus aliadas. Nuevamente la nieve en los puertos que separan Lugo y León ralentizaron su discurrir. No llegaron a la Costa da Morte con sus donaciones hasta las tres de la tarde, pero llegaron. Poco podrán disfrutar de la comarca. Hoy parten de regreso.