La trágica cadena de la emigración

La Voz S. G. | CARBALLO

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ANA GARCÍA

«Vénganse, vénganse, le dan la visa cada tres meses y al año ya tendrán la nacionalidad, nos decían las autoridades gallegas a los hijos de emigrantes en Argentina. Y nos vinimos muchos, pero ahora las cosas no son tan sencillas». Cuenta esta historia Mabel Blanco Rodríguez, hija de Purificación Rodríguez, de Cures, 77 años, que un día se marchó para las Américas, hace mucho. Mabel volvió el 14 de marzo del año pasado, con su madre, y su marido argentino, Pedro Marchesi, y su hijo de nueve años. Se establecieron en Vimianzo.Todo iba bien, si bien es sobrevivir a duras penas. pero el tiempo pasaba rápido y una vida mejor parecía adivinarse. El tiempo es ahora su enemigo.El problema de Mabel está envuelto en una macabra cadena: su marido será deportado a Argentina si no regulariza su situación. Tiene de plazo hasta el miércoles para hacerlo. Sólo necesita que su hijo logre la nacionalidad española. Como Mabel ya la tiene, a él le conceden automáticamente la comunitaria. Y su hijo necesita que le llegue el documento del Registro Central de Inmigración, en Madrid, que confirme esa nacionalidad. Si no llega, su padre se tiene que ir. Como tiene un contrato de trabajo, necesitaría la visa argentina para volver. Pero no se la dan al momento, por no hablar del inmenso coste que el viaje supondría para quien se vino precisamente porque allí no tenía trabajo. Tampoco tiene extensión de visado, porque aún no lleva un año de residencia.Mabel asegura: «No como, no duermo, no vivo. Yo recuperé la nacionalidad en seguida. Para mi hijo la pedí el 26 de junio. Como es menor, le corresponde por ley. Me dijeron que era cosa de trámite, automática, en uno o dos meses. Y hasta hoy. Lo peor es que en Madrid no contesta nadie».