De boliches argentinos a fiestas en Vimianzo

E. Eiroa cee

CARBALLO

MILLARES

04 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Los Krayones son tres chavales -el menor tiene diez años-, que llevan siete meses en Vimianzo. Vuelven de Argentina, a visitar, y a quedarse, en la tierra de sus abuelos. Sus vecinos difícilmente pueden imaginarse que los nuevos habitantes pasearon sus éxitos musicales por media Sudamérica, y que hace apenas dos años, reunían en un estadio de Argentina a 15.000 personas, más que la población de Vimianzo, y salían ilesos por los pelos de una amorosa agresión de fans que acabó en sangre y pelos arrancados. Nada hace pensar en Vimianzo que Luciano, Juan Manuel y Laureano llegan borrachos de éxitos y mareados de estudios y de platós de televisiones. Susana, su madre y relaciones públicas del grupo, cuenta, con vídeos para demostrarlo, que casi no quedó canal de televisión sin tocar: Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile se los rifaron, y se volvieron a España cuando preparaban el desembarco en el todopoderoso Brasil. La fama llegó de golpe, cuando el padre de Laureano le prometió en el hospital en el que el niño se debatía entre la vida y la muerte, que tendría un grupo cuando saliera. Salió con cinco años y el padre cumplió la promesa. Un productor lo vio y empezó la gloria: el «bebé tropical» se convirtió en el juguete musical de niños y adolescentes argentinos, y en un pasto suculento para los tiburones de las discográficas que cada vez pedían más. Cuenta Juan Manuel, el mayor y el encargado de los teclados, que aunque echa de menos su Buenos Aires natal, allá nunca pudo salir a la calle a bailar a un boliche, ni bajar de casa sin que le saltaran encima fans dispuestas a todo. En Vimianzo han descubierto que es posible tener una vida tranquila. Aunque eso sí, ganas tienen de volver a los escenarios. Esta vez, en España, en la tierra de sus abuelos. Lo de los Krayones.