Alrededor de 130 pasajeros que pretendían viajar a Madrid en el avión de las dos de la tarde se quedaron en tierra porque el vuelo fue cancelado «por causas técnicas»
05 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Alvedro anda manga por hombro. Y esta vez el tamaño de la pista no importa. Tampoco el 11-S. El vuelo que tenía que llegar de Madrid ayer a las ocho y media de la mañana no lo hizo hasta las once. Y el que tenía que partir hacia Madrid a las dos de la tarde tampoco lo hizo. Ni a las dos, ni a las tres, ni hacia atrás. Se canceló. ¿Por qué? «Por causas técnicas», dijeron por los altavoces. Aena culpa a la huelga de celo que mantienen los controladores, pero éstos dicen que no, que la culpa la tiene la empresa pública, «por su mala gestión». Mientras unos y otros se lanzan los trastos, los pasajeros se amotinan. Las 130 personas que ayer se quedaron en tierra, sin poder viajar a Madrid a las dos de la tarde, estaban que se subían por las paredes. Los más perjudicados eran los que necesitaban llegar a Barajas para enlazar con otros vuelos, nacionales o internacionales. Se les notaba a chorros porque eran los que más gritaban. Se oyeron insultos contra todo y todos. Como los que se lanzan al televisor en un partido de fútbol. Hierro nunca los oirá. Los controladores, tampoco. Ventanilla de Iberia Y si a los pasajeros se les hizo una faena, al encargado de la ventanilla de Iberia del aeropuerto no le fue mucho mejor. No tenía previsto volar, pero de saber lo que le iba a caer encima, hubiese volado bien lejos. Tuvo que calmar los ánimos de los 130 perjudicados. A unos intentaba subirlos a un bus para que viajasen por carretera a Madrid. A otros les ofrecía la posibilidad de intentarlo desde los otros aeropuertos gallegos y a los menos les devolvía el dinero del pasaje. Es lo que le ocurrió a un pasajero. Tenía billete para Madrid a las dos de la tarde. Y a las cinco tenía otro que lo llevaría desde Barajas a Lanzarote. No podía ir en bus porque no le daba tiempo. Tampoco tenía margen de maniobra desde Peinador, pues tenía que esperar a las nueve de la noche para embarcar. Así las cosas, se quedó en casa, sin poder pasar el fin de semana en Lanzarote. Otro que no estaba para bromas era un pasajero que compró el billete a las doce. Una hora después le dijeron que el avión no iba a despegar. «Seguro que me lo pudieron haber dicho antes de comprarlo, pero como esto funciona así y aquí nadie dimite ni lo cesan, pues vale todo», decía. Roma Un grupo de coruñeses que pretendían viajar a Roma para presenciar la ceremonia de canonización del beato Josemaría Escrivá de Balaguer tendrán que esperar hasta hoy. Cada pasajero tenía una triste experiencia que contar. El que tenía que firmar un contrato en Madrid a las seis de la tarde se compadecía del que perdía el enlace con La Habana. El que estaba que trinaba porque el bus le marea no estaba tan molesto como el hombre de negocios que intentaba aplazar sus reuniones desde su teléfono móvil. Otros optaron por viajar en taxi. Antes de meter el equipaje en el maletero, se preguntaban: «¿Qué es lo que tiene que pasar para que lo de los aviones se solucione?». Ya por la tarde se normalizó el tráfico. Todo volvió a su sitio. Alvedro, así, no despega.