23 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Será porque vivo de ellas. Será porque son el principal medio de comunicación de los humanos. Será porque sí. El caso es que las palabras son capaces de transformar objetos, juegos o situaciones. Ayer cuando conseguí (lo confieso) entradas para el concierto de Chenoa y David Bisbal sentí que aquellos boletos no valían lo que había pagado por ellos. Fue una palabra la que hizo que desmerecieran a mis ojos: viejo. Para referirse al campo de fútbol de la zona escolar, los que editaron las entradas, quizá aconsejados por el Concello, usaron ese adjetivo. Hubiera sido mejor antiguo, que da más lustre, o anterior, que si sería más adecuado para el caso. Pero pusieron viejo. Me pareció que ese término no pega con los chicos de Operación Triunfo . Lo más curioso ocurrió en la tarde del lunes. Un grupo de niños jugaban en el parque que hay junto al campo de fútbol viejo . Uno tenía que pillar a los demás, que podían salvarse parándose con los brazos en cruz, al tiempo que decían: «Cuba». (!¡). Lo más curioso es que para seguir corriendo era necesario que otro chico les tocara una mano al tiempo que gritaba: «Libre». ¿Sabían los niños a qué se referían? ¿Conocían el significado de las palabras con las que jugaban? Ellos no, pero yo sí y quedé pasmada. Las palabras tienen ese poder.