Las aldeas de Dumbría sólo cumplen los «servicios mínimos» a los que obligan el ganado y las labores del campo La huelga se vivió con intensidad en las zonas más industriales de Galicia. Los polígonos situados en torno a las grandes ciudades echaron el cierre. La cosa se fue diluyendo a medida que la huelga se alejaba de los núcleos urbanos, y se dejó sentir con menor intensidad en los pueblos. Rompiendo la lógica, las aldeas se sumaron al paro y a las protestas a su manera. En Ézaro no fueron a trabajar a la fábrica, sólo las vacas obligan a romper el parón: «As vacas non deixan facer folga», comenta María Martínez, de la dumbriesa parroquia de Ézaro. Por lo demás, todos en la aldea parecen estar de acuerdo con los sindicatos.
20 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Camino del mirador de Ézaro sólo se ven turistas. Los trabajadores de la zona no se asoman. Muchos están en la concentración de Cee y el resto se queda en casa. Hay huelga general. Por los caminos se respira ambiente de domingo. Los trabajadores se cuentan con los dedos de una mano y sobran tres: dos operarios trabajan reparando la reja del depósito de agua. Y nada más. No se sabe si por la huelga o por el buen tiempo, pero se respiran pocas ganas de trabajar en el concello de Dumbría. La gente se sienta a charlar al sol en la puerta de casa y hasta los coches pasan más despacio que de costumbre. Adentrándose por O Pindo desde Ézaro los trabajadores desaparecen. Tan sólo dos mujeres se dejan ver al cabo de un rato: Carmen Trillo camina por la carretera con una hoz bajo el brazo y un pastor eléctrico en la mano, pero jura y perjura que no trabaja: «Non, isto non é para traballar, hoxe non se traballa, que hai folga». Lo dice bastante convencida. Aunque pasa de los setenta años, tiene juventud de sobra para dar guerra: «O decreto ese é moi malo para os traballadores, temos que ir a folga para que nos fagan caso». En el mirador de Ézaro dos turistas franceses disfrutan de las vistas completamente ajenos a que en España se vive una huelga general, la cosa no va con ellos y sólo les interesa el paisaje. Un coche con matrícula de Pontevedra se asoma también a contemplar las vistas, el conductor confiesa sin pudor: «Yo aproveché el día de huelga para dar un paseo y venir hasta aquí y darme un chapuzón en la playa». La gente de Dumbría parece que so lo toma más en serio. Por la carretera pasa con sus vacas María Martínez: «Estou de folga, pero as vacas hai que sacalas igual -confiesa rápidamente para despejar dudas sobre su compromiso sindical-, o meu fillo non foi a escola e o meu marido, que traballa en Ferroatlántica, tampouco foi a traballar». Sacar a las vacas o realizar labores en el campo parece estar exento de toda huelga. «As vacas -dice María-, non deixan facer folga, hai que sacalas igual». La conciencia sindical parece estar muy viva en los alrededores de Cee. Las únicas que parecen estar constantemente en huelga son las vacas. De todos modos, no todo el mundo en Dumbría dejó de trabajar. A escasos metros de las opiniones de la gente del campo, unos operarios trabajan contrarreloj en la prolongación del paseo marítimo. En Dumbría, como en el resto de la zona, hay para todos los gustos en torno a la huelga. Eso sí, el que quiere trabajar, trabaja y el que no, no. Ayer todo el mundo se respetaba en sus opiniones: «Eu non traballo -dice Carmen Trillo-, pero non lle digo a ninguén que non o faga¿. Transigencia para todos en Dumbría. Tal vez la solución a los problemas laborales la tienen las vacas, que hacen trabajar a sus dueños y trabajan también ellas mismas. Eso sí, como quien no se da cuenta.