Veinticinco alumnos se presentaron al examen del acceso al segundo ciclo del Conservatorio de Carballo La música marca nuestras vidas. Sin ella, no existirían ni el flautista de Hamellin, ni las marchas nupciales, ni los bailes amarraditos. Pero tan importante como las notas son sus intérpretes. Ayer, en el Conservatorio de Carballo veinticinco futuros virtuosos se examinaron de la prueba de acceso al segundo ciclo de formación musical. Allí, se juntaron niñas de doce años hasta mangallones que ya enfilaban la mayoría de edad. Antes del test, los nervios se apoderaban de los examinados y de los padres.
15 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Calma. Mucha calma. Los alumnos comenzaron su prueba pasadas un poco las cinco de la tarde, pero no demostraban minutos antes estar con un nudo en la garganta. La mayoría de los niños hablaban en improvisados corros. Muchos con unas carteras de plásticos cuadradas que recuerdan los maletines de los ejecutivos. Sólo una repasa sus apuntes de corcheas, blancas y seminegras antes de que llegue la hora. En un tono más alto hablan algunos padres sobre reminiscencias de recitales de sus vástagos y sobre unos horarios que llevan a los zagales a un ritmo fenétrico de clase en clase hasta que toca la hora de irse a hacerle compañía a los angelitos, que en caso de los músicos siempre son negros y ellos les rindió su cumplido homenaje hace tiempo Antoñito Machín. «Hay muchos niños desde que se impuso la Logse. Ahora a los ocho años ya empiezan y con doce se examinan para el ciclo medio, antes solían ser un poco más mayores. De todas maneras, las cosas no cambiaron mucho», reconoce Miguel Suárez, director del conservatorio carballés, que ayer tenía la función de coordinar una prueba con gente de las comarcas de Bergantiños y Soneira y hasta de Arteixo. El inicio La primera prueba fue la de lenguaje musical. Común. Los veinticinco entraron en el salón de actos de la Casa da Xuventude con cara decidida. Unas explicaciones mínimas y zas, zas... todos se lanzan a escribir con sus bolígrafos. Una vez acabada esta tanda, comienza la individual, en la que cada alumno tiene que demostrar sus habilidades con el instrumento. Cada uno tiene que interpretar tres obras cara a cara con el profesor sin más ayuda que sus propios conocimientos. En esta segunda prueba hay un poco de todo: acordeonistas, pianistas, clarinetistas, flautistas, pianistas y guitarristas. Cada cual según sea el arte que más se acomoda a su personalidad, como los cantantes flamencos que dominan el palo que más mueve el duende que corre por su sangre.