El Ayuntamiento de Sada fue el primero en atajar la «movida descontrolada» Cuatro hombres bastan en Sada para patrullar un kilómetro cuadrado de movida en medio de cinco mil chavales. Y todo marcha como un inmenso reloj de cuco. El alcalde le da cuerda. En 1998 sacó una receta para acabar con el botellón. Entonces, todo andaba manga por hombro. Los vecinos soportaban ríos de orina. Hoy ya no. ¿Cómo lo han hecho? «Con vigilancia, diálogo e insistencia».
17 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.En la tierra de la sardina, algunos prefieren la merluza. Pero de la que se pesca con el duralex y en los bancos del parque, no en los del Gran Sol. Los niños y las niñas no hace mucho que buscaban el cubata o el calimocho como si buscaran la nodriza. Las tribus de colegas mezclaban whisky, Martini blanco o vino del que se echa al guiso. En plena calle. Lo más barato es lo que más pone y no dejaban dormir a los vecinos. El propietario de la cafetería El Chiringuito recuerda el trance: «el merendero de la playa se llenaba con más de quinientos chavales. Había alcohol, droga y vandalismo. Una pesadilla que ya no existe, está erradicada». Ese merendero fue el primer objetivo del alcalde de Sada. Con la Ley de Drogas de Galicia en la mano, prohibió el consumo de alcohol en la vía pública. En diez días, desapareció de allí el botellón. Hasta entonces, mayo de 1998, nadie lo había logrado en España. Le llovieron críticas e insultos. «Eran muchos los que decían que era anticonstitucional. Hoy, todos aquellos lo ponen como ejemplo, quieren seguir los pasos de Sada», confiesa el edil de Seguridad Ciudadana. En otros lugares quieren inventar lo que llaman movida sana o botellón alternativo. Es el municipal y espeso intento de crear el botellón «sin». En Sada no creen en esas cosas. ¿Y en la mano dura? «Tampoco. Lo hicimos con sentido común, con mucha vigilancia, diálogo y, sobre todo, insistencia», advierten. Con datos en la mano, la unidad de seguridad ciudadana de Sada, compuesta por ocho miembros, muestra los éxitos logrados en la lucha contra el botellón y la delincuencia. Presumen del alto índice de delitos resueltos, hablan de la eliminación del consumo de alcohol en la calle y agradecen la colaboración de los políticos. Y no van de farol. Para que les crean, la policía invitó el pasado sábado a un periodista y a un fotógrafo a recorrer el kilómetro cuadrado de ciudad en la que se concentra la movida juvenil, más de cinco mil chavales de entre 16 y 20 años. Arranca la inspección ocular en una de las calles de moda, con pubs a derecha e izquierda. Todos tienen un portero que exige el DNI. «La colaboración de los hosteleros fue crucial. Hay que decir que a muchos se les convenció a base de multas», advierten. Continúa el paseo. Llegamos a la puerta de la discoteca de moda, Sabaroc (más conocida por Baroke). Todos los sábados, los porteros recogen una media de quince carnés de identidad falsos o trucados. Una chica es llevada como un costal por los amigos. Se pasó con la bebida. La policía llama a sus padres. Se le baja el globo. Registran a un joven. Le encuentran dos porros y una navaja. Denuncia al canto. ¿Y el botellón? Vacío. En Sada no existe.