VORÁGINES

GABRIEL RIVERA

CARBALLO

Para los que lo que más no gusta de la Navidad es el frío de las noches, las campañas comerciales que se desatan cuando llegan estas fechas nos despiertan escepticismo por el circo que se monta alrededor de la familia, el cariño y las buenas voluntades. Los comerciantes de la Costa da Morte también andan cautos, aunque ellos preocupados por en que caja retiñirán los dineros. Preocupación menos prosaica, pero, desde luego, dotada del notable sentido de la practicidad. A los que nos gusta el frío también estamos avocados a participar en la vorágine del billetero manirroto a menos que construyamos un igloo en el medio de la calle. Así que no nos quedará más remedio que entrar en las tiendas y soltar pecunia. La cuestión es dónde. Los empresarios de la zona pondrán la carne en el asador para que sea en sus tiendas. La verdad es que si realmente esta época del año es la de la buenas acciones, deberíamos comprar a nuestros vecinos. Esos que, como nosotros, llenan pañuelos de sudor para llegar a fin de mes. Los grandes responsables de los centros comerciales sólo sudan en las saunas. Cuestión de solidaridad en fechas señaladas para ella.