La jornada previa a la Festa da Tilla congregó a miles de personas imbuidas del espíritu de los antergos Hubo irmandiños en Vimianzo, el viernes; comerciantes medievales los habrá en Corcubión el próximo fin de semana, y el sábado le tocó a la cultura celta en Leiloio. La costa da Morte está que se sale con la historia. Miles de personas se impregnaron en la parroquia malpicana del espíritu de los antergos en una explanada que, no obstante, poco tenía que ver los altos castros salvo por el verde claro: el campo de fútbol. Pero, como dijo el otro, el concepto es el concepto y el del sábado era el jolgorio el protagonista, que se consiguió. O Carunchos, Llan de Cubel y, sobre todo, Luar na Lubre, fueron la luna de la noche celta.
09 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Había otra luna, la de verdad, en todo lo alto del mejestuoso escenario, que se fue moviendo hacia la derecha para dejar sitio a un público nada menguante, sino que llenó casi a rebosar un auditorio del que sólo se pueden decir cosas buenas salvo en la acústica. La cosa comenzó tempranito con Os Carunchos de Vigo, pero a esa hora sentaba mejor un bocata de bistec que la música tradicional, con todos los respetos para el bocata. El aparcamiento, los indicadores, Protección Civil, la organización, la atención, todo perfecto, y siempre se agradece llegar al campo tranquilo, sin cabreos. La música suena mejor. Tocaron los asturianos Llan de Cubel, viejos conocidos de los amantes del folk sin estridencias, motivo por el que quizá son más conocidos fuera de su Asturias natal que dentro. Un sonido limpio, letras profundas -magníficas La casa gris o Un tiempu meyor, que da título a su último disco-, aunque si hay que bailar con Cabraliega también se baila. Llan de Cubel es un conjunto que parece tener miedo a que la gente se desperece. No ocure lo mismo con Luar na Lubre. Éstos ya son de la casa, y eran los esperados. Buen repaso a su último trabajo, donde se contienen temas representativos de sus 15 años de vida, incluidas canciones nuevas, como Camariñas. Luar na Lubre, y sobre todo Bieito Romero y a su modo Rosa Cedrón, saben conectar bien con el público. Parecen adivinar los estados de ánimo. Si hace falta una muiñeira, se toca. Si queda mejor O son do ar o Tu gitana, se toca también. Y así fue pasando la Noite Celta de la asociación cultural A Feira. Con un nivel muy europeo. Con sitio libre para todos. Y con la presencia de Marte muy rojizo junto a la luna en el que muy pocos repararon, ni falta que hacía.