El 23-F marcó, también en la Costa da Morte, la transición de una democracia incipiente a una época de libertades El 23 de febrero de 1981 amaneció como cualquier otro día. El alcalde de Carballo, José Sánchez Vilas, comenzó la jornada en su despacho firmando la convocatoria de un pleno para el día 25. En el patio de la iglesia de San Xoán Bautista se realizaban obras de ajardinamiento, y en la vieja estación de trolebuses se formaban colas en las horas punta. Las primeras noticias sobre la «toma» del Congreso de los Diputados llegaron por la tarde, y cogieron por sorpresa a casi todo el mundo. El temor era generalizado, porque el que más y el que menos esperaba que aquella democracia, todavía en pañales, avanzase por el camino de la consolidación.
22 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Desde el 23 de febrero de 1981 ha habido cambios constantes en la Costa da Morte, en la que por aquel entonces escaseaban los aparatos de televisión, el coche todavía estaba considerado como un artículo de lujo, la entrada para el cine costaba poco más de cien pesetas y las jóvenes corporaciones municipales intentaban adaptarse a la democracia. En Carballo, sin ir más lejos, la composición del pleno era de lo más variopinta: 11 concejales de UCD, con José Sánchez Vilas a la cabeza; 4 de AP, 3 del BNG, 2 de una candidatura independiente próxima al PC y uno del PSOE. Tres portavoces eran abogados, lo que «condicionaba» enormemente los debates. Expresiones como «con la venia» eran muy frecuentes, y el que más y el que menos aprendió el lenguaje propio de la vida judicial. Así lo recuerda Evencio Ferrero, por aquel entonces un joven defensor de las ideas nacionalistas, y que es, además, el único superviviente de la primera corporación local. Aquel fue un año de grandes debates municipales, aunque el tema estelar fue la adquisición de 1.500 bombillas, que incluso desencadenó la primera y única moción de censura de la historia democrática carballesa. Los protagonistas de la época recuerdan aquellos momentos como el despertar de una nueva etapa política, de ruptura con las maneras anteriores. Tensión Por eso, el intento de golpe de Estado cogió por sorpresa a casi todo el mundo. Aunque la situación política, a nivel español, era muy tensa, a seiscientos kilómetros de la capital madrileña las cosas se vivían de un modo muy diferente. La noticia llegó por la tarde. El párroco de Carballo, José García Gondar, recuerda que estaba plantando un roble en el patio de la iglesia, en el que se llevaban a cabo obras de ajardinamiento, cuando alguien, que tenía un transistor, comunicó lo que estaba pasando en el Congreso de los Diputados. A partir de ese momento creció la tensión política y en los cuarteles de la Guardia Civil se registró en las horas siguientes una actividad frenética.