El Concello de Carballo espera la propuesta de los Rodríguez Montoya para empezar a negociar la reubicación de la familia El Ayuntamiento de Carballo está a la espera de la propuesta del abogado de la familia Ramírez Montoya para iniciar las negociaciones que permitan reubicar al grupo. Desde el principio, las condiciones del colectivo gitano han sido permanecer en el municipio y estar lejos de los moinantes. Las anteriores ofertas del Concello incluían estas posibilidades. Mientras, en el asentamiento de Os Canedos, la incertidumbre de los Ramírez Montoya contrasta con la esperanza de sus vecinos que hace quince años les recibieron con los brazos abiertos, pero que ahora se ven superados por el crecimiento de la familia.
14 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.La familia Ramírez Montoya compró en 1976 una finca con una pequeña casa en Os Canedos-Oza. Unos años después se trasladaron a ella procedentes de Asturias. Entonces, muchos vecinos solicitaron ayudas para ellos, dadas las condiciones de precariedad en las que vivían. Más de doce personas se hacinaban en el pequeño edificio que no tenía las mínimas condiciones de habitabilidad. Los que hoy son padres de familia eran unos niños y en la huerta junto a la casa había plantaciones de guisantes y otras verduras. Los propios Ramírez Montoya recuerdan incluso con nostalgia esos tiempos. Sus vecinos también. La familia, tan prolífica y con tan pocos recursos, se vio obligada a extender sus dominios a las proximidades del domicilio familiar. Su negocio, la compra-venta de chatarra, también exigía un espacio que no tenían. Las inexistentes condiciones higiénicas hicieron el resto. Las relaciones con los vecinos empeoraron y hubo alguna denuncia. Entonces el Ayuntamiento de Carballo entró en el conflicto con el resultado de la resolución judicial que amenaza con dejar en la calle a todo el grupo, unas cuarenta personas, de las que la mitad son menores. Los Ramírez Montoya no quieren abandonar Carballo porque están empadronados en el municipio y en él tienen su medio de vida. Tampoco están dispuestos a compartir terreno de chabolas con los moinantes, que ellos llaman mercheros, por temor y por las actividades delictivas que les atribuyen. Reclaman un terreno y, a ser posible, unas pequeñas casas a cambio de su propiedad de Oza. Uno de los hermanos, hablando con el que fue profesor de sus hijos, lamentaba «tener que vivir así». En este conflicto ha influido el peculiar concepto de la familia de los gitanos, que les empuja a vivir en comunidad y a defender a sus miembros, especialmente a los mayores y a los niños, muchos de los cuales están enfermos y pueden recibir los cuidados necesarios.