La lucha del exjugador del Basketmar Urbano González por visibilizar la ELA: «Quiso vivir más para ayudar a todos»

BÁSQUET CORUÑA

Su hermano Miguel destaca su legado: «Solo es el comienzo; no nos vamos a quedar ahí»

20 ene 2026 . Actualizado a las 21:18 h.

Han sido días emocionalmente intensos para el entorno de Urbano González, exjugador leonés (y que da nombre al Palacio de los Deportes de León) del Basketmar Coruña fallecido a los 57 años tras un largo tiempo de lucha contra la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), que se le diagnosticó en el 2022. Sin embargo, su legado trasciende y, en la memoria de este referente de la visibilidad de la enfermedad, sus allegados han querido resaltarlo.

Sin ir más lejos, su hermano Miguel, perteneciente al patronato de la fundación Amare Terra y afincado en A Coruña junto a su esposa, destaca su fuerte vínculo con Galicia (además de su etapa profesional, hacía gala de su amistad con Félix Alonso, exentrenador del Obradoiro y del COB), por lo que fue homenajeado el año pasado en la ciudad herculina, Santiago y Ourense, donde aprovechó para ofrecer una conferencia sobre su experiencia vital, en un momento en el que la ELA todavía le permitía comunicarse oralmente. El Coliseum y Sar fueron los escenarios de sendos homenajes que le brindaron el Leyma y el Obradoiro.

«Los políticos aprobaron por unanimidad una ley de ayudas, pero quedó en nada porque nunca se destinó una partida presupuestaria. Apenas ahora hay ayudas asistenciales para enfermos en fase terminal y en localizaciones muy concretas. Los pacientes de las primeras fases asumen gastos muy elevados para adaptar su vivienda y su movilidad. La visibilidad es tocar corazones en relación con las situaciones que no se conocen porque no se ven. Es una enfermedad dura y cruel. Por eso, todo lo que ha hecho Urbano es solo el comienzo», relata Miguel, que insiste en que el apoyo económico es fundamental: «Se trata de elegir entre vivir o arruinarse. Conocimos enfermos de ELA que han pedido morir porque arruinaban la vida de sus hijos».

«A día de hoy sigue sin haber ayudas. Esa ley existe en vano. Mi hermano quiso vivir tanto tiempo a pesar de la ELA, para ayudar a todos, para sacar adelante esto. Todos los días 21 de cada mes nos concentramos para pedir que ejecuten esas ayudas. Y se ha ido sin verlas aprobadas», lamenta.

«Otra de las causas por las que luchó fue la investigación, que está absolutamente parada a nivel institucional. Apenas existe el trabajo de fundaciones e iniciativas privadas, que consiguen el dinero con muchísimas dificultades. Una enfermedad que no se estudia no tendrá nunca cura», concluye. «No nos vamos a quedar ahí, seguiremos con ello», avanza.

Han recaudado 30.000 euros con la venta del cuento La abeja que enfermó de ELA, una obra elaborada por la docente Diana Emperador en la que han colaborado rostros famosos. Urbano González se convirtió en empresario de apicultura ecológica desde 1994, cuando abandonó las canchas de baloncesto.

Donó su cerebro a la ciencia

Al mismo tiempo, Ana Carlota Amigo, viuda de Urbano González, explicó a la agencia EFE que el exbaloncestista decidió donar su tejido cerebral al Instituto de Neurociencias de Castilla y León; y sus órganos a distintos receptores. «Supongo que la donación de su tejido cerebral servirá para investigar las enfermedades que se estén analizando en este momento en ese instituto. No creo que sea para la ELA, aunque nos gustaría», matizó Ana Carlota.

Este lunes la sociedad leonesa se despedía de él con un multitudinario funeral en la basílica de La Virgen del Camino de (León) en la que el féretro de Urbano González entró apoyado en los hombros de sus compañeros del mundo del baloncesto.

Desde que conoció su diagnóstico, Urbano González se convirtió en una de las voces más potentes para la visibilización de una enfermedad que lo tenía, según sus propias palabras, «atrapado en su propio cuerpo». En los últimos años había reivindicado desde su silla de ruedas más ayudas para la enfermedad por considerar que la falta de estas obligaba a optar por la eutanasia a muchos enfermos que en realidad querían seguir viviendo.