Lo que conseguimos de verdad

ÁLEX HERNÁNDEZ JUGADOR Y CAPITÁN DEL LEYMA CORUÑA (2021-2025)

BÁSQUET CORUÑA

Álex Hernández levanta el trofeo de la LEB Oro en la celebración naranja en la explanada de Riazor.
Álex Hernández levanta el trofeo de la LEB Oro en la celebración naranja en la explanada de Riazor. Marcos Miguez

23 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Recuerdo perfectamente que, cuando llegué, meter a más de 1.500 personas en el Palacio era algo muy complicado. Era un tema que preocupaba muchísimo a la antigua directiva. Les quitaba el sueño. Costaba que la gente se terminase de enganchar en una ciudad como esta; de hecho, era raro el día que pasábamos de las 1.800 personas. Aun así, tengo que decir que desde el primer momento noté que el ambiente era muy agradable, muy sano y que la gente que iba repetía. Era una afición muy fiel, pero nos faltaba ese empujón numérico.

Ya en el año del ascenso, notamos el cambio. Recuerdo que a principio de temporada tuvimos una reunión después de un entrenamiento. Nos reunió Gabriel —Berrallouco, de Tsunami Naranja— en el despacho de Epi. Allí estábamos Atou, Beqa y yo. El lema de esa temporada era Hagamos Historia. Muchos lo veían como una frase bonita para intentar ascender deportivamente, pero nosotros quisimos llevarlo un poquito más allá: queríamos intentar llenar el Palacio por fin.

Todos entendieron desde el primer momento que estábamos ante una oportunidad muy buena. No escatimaron ningún esfuerzo y se prestaron a hacer todo lo que hiciese falta. Cada vez que se organizaba alguna cosa solidaria y encuentros con la afición, todos estaban dispuestos. Si después de los partidos teníamos que quedarnos veinte o treinta minutos cantando canciones con la afición, con Berrallouco ahí abajo tocando el tambor, lo hacíamos encantados. Y la afición respondió haciéndonos pasar un tiempo muy agradable; cada encuentro con ellos nos hacía sentir muy bien.

Otra cosa que ayudó mucho fueron los viajes. La afición nos acompañó a Torrelavega, a Logroño, y también a la Copa Princesa en Madrid. Esos viajes hicieron mucho grupo, la gente lo pasó bien y el club, junto a Gabriel otra vez, lo montó todo con mucho cariño. Además, coincidió que en casi todos esos viajes conseguimos victorias apretadas, ganadas en los últimos minutos, y compartir esos momentos de euforia con ellos ayudó a generar mucha unión.

No sabíamos exactamente cómo iba a reaccionar la gente, pero la respuesta fue increíble. Y luego vino la campaña de abonos, con más de 7.500 abonados. Ahí notamos que la afición había venido para quedarse. Lo notamos sobre todo al final de temporada, cuando con tantas derrotas y el descenso prácticamente consumado, seguían viniendo. Recuerdo ganar al Barça en un Coliseum lleno, pero también recuerdo, veinte días antes de acabar, que se colgó el cartel de «no hay entradas» para partidos vitales. El recuerdo más fuerte que tengo es el último partido contra el Baskonia. Certificábamos el descenso, pero hubo un momento muy bonito. Estuvimos cuatro o cinco minutos con la gente aplaudiéndonos y nosotros a ellos. Hubo muchas lágrimas. Notamos que se cerraba una etapa, pero ver a la gente tan volcada con el baloncesto nos hizo muy felices.

Una vez terminó todo, quedamos el grupo de compañeros que habíamos estado tanto en el ascenso como en el descenso para tomar algo, sabiendo que era un final de etapa. Y todos coincidíamos en lo mismo: más allá de haber conseguido ese ascenso histórico por primera vez para el club, nos quedábamos con que habíamos conseguido que la masa social creciese tanto. Todo lo que hicimos, lo hicimos encantados porque la afición nos hacía sentir genial. Personalmente, me alegra ver que la afición sigue así de fiel. Como capitán, insisto en que mis compañeros lo pusieron fácil porque todos entendieron que estábamos ante un reto histórico: enganchar a una ciudad que siempre se decía que era muy de fútbol. Demostramos que había sitio para todos y logramos compaginar ese amor por el Dépor con esta fiebre naranja. Coincidimos en que eso fue lo mejor que nos pasó en esta etapa.