La «guerra de las traíñas» incendió los puertos de Ribeira para proteger la pesca de la sardina

Daniel bravo cores

RIBEIRA

Imagen del puerto de Ribeira de 1900
Imagen del puerto de Ribeira de 1900 Arquivo Municipal de Ribeira

La introducción de las traineras del Cantábrico enervó a los marineros y surgieron los primeros sindicatos en forma de asociaciones

05 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

El despuntar del siglo XX propició el arranque de los primeros sindicatos en los cuatro puertos ribeirenses: Carreira, Corrubedo, Palmeira y Ribeira, y la aparición de una violencia nunca vista en nuestros lares. Todo ello como consecuencia de la llamada «guerra de las traíñas».

¿Cuál fue el motivo del conflicto? El principal sería la introducción de las traineras originarias del Cantábrico que, con nuevas artes de pesca, provocaron incrementos masivos de sardina, fuerte bajada de precio, y el deterioro de los menguados ingresos de los pescadores xeiteiros, la gran mayoría, con capturas menores, que los abocaba a la ruina.

Los primeros roces sucedieron en 1899. El bajo precio del pescado provocó una huelga y una «numerosa manifestación» el día 27 de noviembre para impedir la pesca de sardina traiñeira. El 29, «a toque de somatén», una multitud atacó en Corrubedo una embarcación con sardina adquirida en Vigo. La fuerza pública y lo avanzado de la costera aplacaron los ánimos y aplazaron el problema. Pero el 14 de junio de 1900 volvía a celebrarse una «imponente manifestación de unas 5.000 almas» —¡en un municipio de 12.000 habitantes!— que volvía a reivindicar la supresión de las traíñas porque «equivalen a la ruina del país». Ese mismo mes surgían los primeros sindicatos.

Sociedades de resistencia

Los factores que estimularon la asociación de los colectivos de pescadores para defenderse serían la brutal caída de sus ingresos y el temor al colapso de los caladeros por sobreexplotación. La primera noticia de una asociación de marineros se produjo el 18 de junio de 1900, cuando el alcalde comunicaba la creación de la Asociación de Marineros de Riveira «que tiene por objeto la defensa de la clase de marineros, socorro de los asociados y la instrucción por los medios más adecuados», presidida por Andrés Santos Pijuán.

Mediado noviembre surgían dos nuevas sociedades en Palmeira: Asociación de Marineros del Puerto de Palmeira, con Andrés Pérez Fernández al frente, y Sociedad Marino Obrera de Palmeira. Y a la semana siguiente se añadieron la Asociación de Marineros de Carreira, de Cipriano Villar Bretal, y la Asociación de Marineros de Corrubedo liderada por Miguel Romay.

Pese al reducido tamaño de estas sociedades de resistencia, este minifundismo sindical ejercería una durísima actividad en el mundo laboral de la época.

El 25 de noviembre de 1900 se produjo la primera acción conjunta con una manifestación «de unos 4.000 marineros» en protesta por las traineras «que traen la ruina a estos pueblos». A partir de entonces, el conflicto se generalizó y Ribeira vivió un sinfín de sobresaltos durante cinco años.

La violenta costera de 1901

El 15 de septiembre de produjeron las primeras refriegas en Corrubedo: pescadores amotinados apedrearon e intentaron hundir barcos con sardina traiñeira que huyeron despavoridos y se refugiaron en Ribeira. Desde entonces, el guirigay se propagó por todo el municipio: descubiertos los barcos en el muelle de Santa Uxía al amanecer del día 16, se repitió aquí la misma escena que en Corrubedo.

El 17 llegó a Ribeira una manifestación «tumultuosa» de Palmeira encabezada por el presidente de su asociación «dando vivas y gritos subversivos… y amenazando con quemar casas», y corrió el rumor de que venían otras de Corrubedo y Carreira: el pánico se adueñó del pueblo, y el aterrado alcalde Del Río decía al gobernador: «Sin fuerzas no respondo de nada, la situación se agrava por momentos». Esa misma tarde se personaron destacamentos de la benemérita y carabineros que en lugar de intimidar a los revoltosos, los cabrearon aún más: los amotinados llamaron a las gentes de los pueblos cercanos a sumarse, «dispararon bombas» y un grupo subió al campanario de la Iglesia «a tocar a rebato».

El 18, una multitud enfervorecida apedreó e intentó quemar «una fábrica salazón en la Ameixida». En los días siguientes, varios xeiteiros atacaron galeones de sardina en la ría y arrojaron el pescado al mar, mientras otros marineros con mujeres y niños impedían desembarcos en las factorías de Martínez, en el Castelo; E. Colomer, en el Peirao; J. Ventura Santos, en Coroso, y Joaquín Garardo, en Insuela, a quien amenazaron con asaltar y quemar «su fábrica y morada».

Solo se consiguió apaciguar los ánimos con la presencia del cañonero Audaz, que intimidó con un tiro de advertencia al aire, la de la benemérita que patrulló a pie y a caballo los cuatro puertos, y las amenazas a los presidentes de los sindicatos, a quienes se exigió el cumplimiento de la ley.

También hubo emociones fuertes en 1902: el 18 de enero «manos criminales» detonaron una bomba en la vivienda de un recaudador municipal y el regidor lo atribuía a las sociedades de marineros. Y en verano nuevamente se encresparon los ánimos con la nueva costera. El 23 de agosto varias lanchas abordaron galeones con sardina traiñeira procurada en A Coruña e intentaron hundirlos y destruir la mercancía, mientras en tierra vigilaban las salazoneras para impedir descargas.

Fuerza pública

El alcalde Vilas reclamaba fuerza pública y sugería al gobernador Romero Donallo más contundencia: «...debería clausurar la Sociedad de Marineros (…) por lo perniciosa que resulta para la tranquilidad del pueblo». El martes 26, el gobernador recogía el guante y ordenaba «proceder a la clausura de la Sociedad de Marineros de la cual es presidente Andrés Santos Pijuán», y denunciaba a los sindicatos en el Juzgado de Noia, con el nombre de personas involucradas en las trifulcas.

La clausura de la sociedad, las fuerzas del orden, la vía judicial y la advertencia a su presidente apaciguaron los ánimos en Santa Uxía pero no en Palmeira, donde el 9 de septiembre marineros amotinados «a toque de bocinas» atacaron otro galeón con sardina traiñeira atracado al muelle. Y de nuevo, el recurso a la fuerza neutralizó el conflicto.

Tras un intervalo con conflictos menores, en 1905 volvieron los enfrentamientos. A unas pequeñas escaramuzas entre traiñeiros y xeiteiros en la capital municipal, siguió la detonación de dos bombas en el centro de Ribeira en la noche del 24 de junio que causaron desperfectos en la casa del abogado Antonio Fernández Rodríguez.

El 25, traiñeiros y xeiteiros se liaron primero a pedradas y luego a tiros en Castiñeiras atemorizando al vecindario, y como decía el alcalde Martínez «aunque se dice hubo heridos, los bandos enfrentados decidieron acallar el incidente» para evitar a la Guardia Civil.

Desde el día 26, «turbas» de mujeres y chiquillos abortaron varias descargas de sardina traiñeira en el malecón de Ribeira y obligaron a galeones de Cambados a volver al mar «escapando de las furias de los terrestres, llevándose algunos heridos». Al día siguiente, varios desconocidos arrojaron otra bomba de dinamita contra una trainera varada en Ribeira, «salvándose milagrosamente los tripulantes que en ella estaban descansando». A finales de mes, el regidor recordaba al gobernador Luís de Armiñán: «Entre marineros de lanchas de geitos y de traineras, hay un odio antiguo e irreconciliable que degenera en frecuentes escaramuzas, acometiéndose a palos y pedradas». A lo largo de julio las amenazas se extendieron a las demás factorías de Santa Uxía: V. Santos Pijuán, en Coroso; J. Colomer, E. Colomer, Hnos. Martínez y A. Cardona, en el malecón; Silverio Pereira, en Bandourrío, etc. Especialmente acosada fue esta última, por lo que «está casi constantemente vigilada».

Dinamita

La situación tornó tan violenta que el alcalde apremiaba al comandante de Marina de Vilagarcía «que por mar se evite el disparo de dinamitas», explosivo utilizado de forma masiva y muy peligroso en manos de colectivos tan enfrentados, y al tiempo urgía al gobernador efectivos de la benemérita.

Agosto continuó con la misma tónica. Cuando intentaban descargar sardina en el embarcadero de Silverio Pereira el día 4, «se amotinaron unas 400 personas para impedirlo a pedradas». La presencia de varios guardias civiles finalmente lo permitió pero «a duras penas, después de muchos vejámenes y en medio de una lluvia de piedras». Pero la trifulca no acabó ahí: cuando los agentes quisieron detener a los muchachos que arrojaban piedras, varias mujeres lideradas por Manuel Fernández Otero, o Lixeiro, impidieron incluso anotar sus nombres. Disuelto el tumulto, los agentes detuvieron a Lixeiro y lo entregaron al Juzgado.

Estos fueron los últimos percances de aquel año. Una vez más, la paz se impuso mediante la fuerza pública y, suprimidos los sindicatos, los siguientes enfrentamientos relevantes se demorarían hasta finales de la década de 1910.

«Entre marineros de lanchas de xeitos y de traineras, hay un odio antiguo e irreconciliable que degenera en frecuentes escaramuzas, acometiéndose a palos y pedradas»