Gritar un día es insuficiente

María Xosé Blanco Giráldez
María Xosé Blanco CARA Y CRUZ

RIBEIRA

Está bien que, ante una injusticia de las gordas, bien sea un asesinato machista, homófobo, terrorista o de otra condición, la gente salga a la calle, grite ¡basta ya! y haga propósito de enmienda, comprometiéndose a poner su grano de arena para que, por lo menos, las generaciones futuras sean educadas en la igualdad y la diversidad. Pero en el fondo todos sabemos que estampas como las vividas a última hora de la tarde del lunes en buena parte de las localidades barbanzanas, aunque ayudan, no son suficientes. El problema es de base, está en los valores que los chavales reciben en aquellos entornos en los que pasan más tiempo: el colegio, la casa y la calle.

En el primero, la responsabilidad es de los profesores y es evidente que la educación en igualdad ha ido cobrando peso en los últimos años. En este ámbito, los niños están controlados y la información que reciben, también. Lo más complicado es ejercer esa vigilancia fuera de los colegios, donde los peligros acechan por todas partes.

Es responsabilidad de los padres transmitir valores a sus hijos, pero también evitar el acceso a determinados contenidos que, pese a todo, se siguen permitiendo. Alguien también debería actuar en este sentido, pues en un mundo en el las nuevas tecnologías son imparables, parece cuando menos inadecuado que todavía suenen canciones que aplauden las conductas machistas y homófobas.

Lo fácil es condenar una vez cometida la injusticia, lo complicado es adoptar las medidas necesarias para evitar que se repita y ahí la responsabilidad es compartida.