La línea imaginaria más estricta

Ana Gerpe CRÓNICA

RIBEIRA

04 dic 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Si Costas se mostrase tan inflexible con los deslindes del Mediterráneo, o de las islas, como se muestra con los de Galicia, seguro que no habría hoteles sobre las dunas ni apartamentos situados a los que solo les falta vallar la playa para que sea totalmente privada. Pero lo cierto es que en algunos lugares se han cometido auténticos atropellos urbanísticos y, en otros, como sucede en un buen puñado de núcleos de la comarca, lo que hay es un atropello por parte de la Administración. Hace casi tres décadas, en localidades como Esteiro, en Muros, Os Areeiros, en Ribeira, o Abanqueiro, en Boiro, desembarcaron unos técnicos equipados con cinta métrica y, sin más miramientos, decidieron trazar una línea imaginaria que es más real e infranqueable que la muralla China. Esa franja convierte en ajenas propiedades que sus dueños construyeron con esfuerzo y que, desde luego, no se levantaron como casitas de veraneo. Sus dueños se ven atrapados en una maraña burocrática y hasta tienen que hacer trampas para conservarlas en buen estado, como si en vez de ser suyas las hubieran usurpado.

Mientras hoteles de alturas imposibles campan a sus anchas en esos lugares de España a los que acuden en busca de sol los ciudadanos de la Europa fría y gris, en núcleos típicamente gallegos, con sus casas de piedra, algunas recebadas, cierto es, y sus bajos que tanto sirven como garaje como para montar un negocio, se mira con lupa y hay que bucear en el árbol histórico familiar, poco más o menos hasta la época de los primeros homínidos, para demostrar que la casa estaba ahí incluso antes de que los franceses pusieran de moda eso de ir a la playa.

Lo peor no es que la Administración, con un criterio generalista más que cuestionable, ponga en jaque a cientos de propietarios, sino el hecho de que desde entonces hayan desfilado por los gobiernos autonómico y central partidos de todos los colores y nadie haya tenido la voluntad de resolver el problema para dar, al menos, un poco de tranquilidad a los propietarios afectados.

La palabra ciudadano y ciudadanía está en boca de todos los políticos. Últimamente, algunos quieren llevarnos tan de la mano, facilitándonos tanto las cosas, que parece que realmente están tratando con siervos. Sin embargo, donde de verdad les compete mojarse, demostrar que defienden a los ciudadanos en plano de igualdad, parece que cuesta más trabajo adoptar decisiones.

Mientras continúan escuchándose buenas palabras, un montón de vecinos continúan siendo propietarios de una casa enajenada, sin que nadie sea capaz de mover una línea invisible.