«A rianxeira»


Escribo este artículo en plenas celebraciones de la Guadalupe en Rianxo. Este año como acompaña el tiempo los festejos, si cabe, están siendo más concurridos todavía. A lo largo de los años han sabido concitar el interés de sus vecinos, de la comarca y de Galicia. A las tradiciones consolidadas, como la procesión de la Moreniña o los conciertos de la banda, han ido sumando iniciativas como el chupitaso, el lunes de las peñas o el Feirón Mariñeiro que mueven a miles de personas. Aunque son las rianxeiras y los rianxeiros los que capitanean la participación, viviendo las fiestas de una forma tan intensa como singular. Esta semana no hay descanso para ellos: tocan la campana y dicen misa manteniendo una actividad que deja atónitos a los visitantes.

Pero también tienen otro aspecto envidiable desde mi punto de vista que, incluso, puede ser un elemento para la reflexión en otros pueblos de la comarca. Con un cartel de orquestas que huye de los grandes nombres -aunque con formaciones de un gran nivel musical- y, por tanto, con un presupuesto en este capítulo mucho más razonable que en otros lares, consiguen lleno tras lleno en su plaza más famosa. Una demostración de que la fiesta está en las personas y no en el escenario.

Cuando esta noche muchos miles de persona entonen A rianxeira, cita tan ineludible como el Pobre de mí en Pamplona, a muchos se les escaparán unas lágrimas. Unos de emoción por la canción insigne de Rianxo y Galicia, otros porque por fin podrán descansar y, la mayoría, porque aún quedan 365 días para volver a vivir las mejores fiestas tradicionales de la comarca.

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